martes, 15 de octubre de 2013

Epílogo

Sin dudas planificar el viaje llevó mucho más que hacerlo... y describirlo, más que planificarlo. Llevo casi 4 meses escribiendo párrafos de a ratos, que me llevan con la mente a recorrer de nuevo cada rincón visitado, a consultar en Wikipedia detalles de lo visto que ignoraba en su momento, a revisar y etiquetar fotos, a tabular gastos... a Viajar de nuevo, desde una pc, donde esté y pueda por unos minutos distraerme del trabajo, los quehaceres o el ocio.
Seguramente el diario fue perdiendo precisión en los sucesivos capítulos, la memoria no alcanza y los registros son incompletos. De alguna manera, por temperamento, no soy sólo la escriba sino también la planificadora de la familia.. y el resto no aporta demasiado ante dudas (en general las acrecienta..jaja).
Ojalá todos pudieran realizar un viaje de este tipo alguna vez.. quisiera decir que el destino es lo de menos, pero no es verdad. Estos viajes sólo tienen sentido en lugares con interés histórico, cultural o paisajístico lo suficientemente variado, y en esto último no estoy pensando en playas precisamente.
También es verdad que de ninguna manera puede tomarse nuestra experiencia como guía para otra, a menos que tuvieran la completa certeza de compartir nuestro estilo de vida, gustos y sinergia familiar.
Algunas recomendaciones que sí pueden aplicar en general: 
  • El viaje armado por uno mismo es infinitamente más disfrutable que el que pueda ofrecerles una agencia (perdón si hiero susceptibilidades) y definitivamente más barato. Si se arma con la debida anticipación, y con un estilo de gasto gasolero pero no tanto (si bien ahorramos en gastronomía a nivel de hoteles nos manejamos siempre con 3 estrellas para arriba y bien ubicados), el costo final por persona es casi la mitad que el que puede ofrecer cualquier agencia. El costo a groso modo por persona fue de u$s 2400.- para los 15 días incluyendo incluso los regalos de freeshop. El 53% de este gasto se lo llevan los aéreos. 
Gráfico de gastos
  • La planificación casi al detalle permite ahorrar en transporte comprando con anticipación y utilizando las tarifas supereconomy de Trenitalia, con asientos asignados. Cuidado con las agencias que tratan de vender siempre los EuralPass, no siempre van a ser aprovechados.
  • Los servicios de Shuttle de y hacia los aeropuertos son muy convenientes (Terravisión en nuestro caso)
  • Si se disfruta de caminar y se está en condiciones de hacerlo, elegir este medio de trasnporte urbano sobre cualquier otro. Lo que se vivencia en las calles, buscando en mapas, descubriendo rincones, es lo que probablemente más perdure en nuestros recuerdos.
  • No abusar de museos y ruinas. Si bien cada uno tiene su impronta, creo que es mejor elegir uno de cada clase y no aturdirse invirtiendo tiempo en recorridos difíciles de recordar. 
  • Planificar con la ayuda inestimable de foros, diarios de viaje y sitios de opiniones, pero siempre aplicando criterio. Cada persona es distinta y sus experiencias y formas de percibir la realidad y transmitirlas, única y sólo válidas en su contexto.
  • Para armar la hoja de ruta, yo comienzo por los vuelos principales. Con eso fijo el período global. Defino luego la cantidad de días en cada destino y comienzo a seleccionar hoteles y traslados en el orden en que se ejecutarán. Con todo esto completo comenzamos a "rellenar" la estancia en cada lugar con sitios de interés y cercanos.
  • Las restricciones para las compras en el extranjero en este tiempo sufrieron modificaciones en Argentina. Hoy el 15% se fue al 20% y aplica a cualquier compra en el exterior aún cuando se canalice por empresas argentinas. Lo malo es que el total se encarece, pero lo bueno es que no hay diferencias al comprar en sitios del exterior,con lo que la oferta se enriquece y vuelven a ser viables e-booking, venere, hoteles.com y otros.
Supongo que podría seguir un rato largo, pero es fin de mes y creo que es hora de dar por finalizado este proyecto. Ya casi estamos en Octubre y llega el momento de comenzar a planificar las próximas vacaciones. Yo distingo entre"activas" como la que acabo de relatar, y "pasivas" como las que ocurren en un all inclusive en la playa, con algunos matices en el medio.Tratamos de alternar, porque las activas resultan ricas pero terriblemente agotadoras. Así es que nos espera Cartagena y un crucero por el Caribe Sur. Los dejo para comenzar a leer diarios de estos destinos...
Gracias.

martes, 18 de junio de 2013

Florencia y alrededores

Ya al llegar a Roma había advertido que la Hoja de ruta impresa que creí haber incluído en el maletín de la notebook no estaba allí. En el vértigo de los preparativos debió quedar en casa. Afortunadamente teníamos la versión digital en la notebook.. aunque a la hora de consultar un recorrido, no fuera lo mismo. Suerte similar sufrió aparentemente, y de esto tomamos nota a poco de salir rumbo a la estación, todo el material que Alejo había preparado sobre las ciudades de la Toscana incluídas en el itinerario: mapas de Lucca, Pisa y Siena, elaborados con los puntos de interés relevados (hasta supermercados), impresos y prolijamente montados. Alejo lo tomó casi como una tragedia y pasaron varias horas, más de 24 diría, hasta que lo superara.
El viaje fue agradable y nos dejó, como teníamos previsto, en la estación Rifredi de Florencia, que no es la más céntrica (Santa María Novello).
Cuando elegimos el tren que nos llevaría desde Roma a Florencia, priorizamos el precio y el horario. Con esas restricciones la elección recaía en trayectos que finalizaban en la estación Rifredi. Hubiéramos preferido llegar a SMN (Santa María Novello), que en el mapa se veía mucho más cercana a nuestro alojamiento (Hotel Le Due Fontane) pero nos animamos tras encontrar indicaciones muy precisas en el foro de Tripadvisor en inglés (a veces hay que ampliar la búsqueda para, aún con las dificultades de la traducción, encontrar ayuda muy valiosa). Llevé en mi Hoja de Ruta (transcrito a mano la noche anterior en un papelito) la indicación del bus que nos llevaría a 1 cuadra del hotel, a la Piazza San Marco, y la imagen grabada en mi retina de la parada a la salida de la estación donde lo esperaríamos. 

Con esta previsión no tuvimos mayor dificultad al llegar: la salida de la estación y la parada del bus lucían exactamente igual que en la vista callejera de GoogleMaps. Un gran cartel me permitió corroborar que la línea recomendada era la adecuada y también tomar conocimiento de la cantidad de estaciones intermedias. En un quiosco compramos los boletos simples (no recuerdo con exactitud pero creo que salieron alrededor de 1,5 euros cada uno. El bus llegó enseguida y pudimos acomodarnos bastante bien con el equipaje. Todavía tenía cierta incertidumbre sobre si era la elección de transporte correcto, podíamos haber interpretado algo mal.. o tomado la dirección equivocada.

Afortunadamente en el interior del bus hay un sistema similar al del metro londinense, que informa con un cartel luminoso y a través de parlantes, la parada (fermata) actual y la próxima. Nos bajamos en la Plazza San Marco y seguimos la indicación que tenía registrada para caminar hasta el hotel:


Imagen

En seguida nos encontramos con la Piazza de la Annunziata y el Hotel Le Due Fontana frente a ella. Muchos de los edificios que circundan la plaza están en reparación y las empalizadas, con el entorno lluvioso, ofrecen un impresión un poco decadente. Había sido alertada, en comentarios sobre hotel, sobre que parte de las arcadas de estos edificios eran utilizadas por homeless por las noches, pero nosotros no los vimos. Había dos conserjes, muy jóvenes y con muy poco dominio del español, pero buena predisposición y un medio inglés que, complementando el mío, nos permitió comunicarnos.

Nos acomodamos en las dos habitaciones y con unas guías muy completas (con mapa) que nos proveyeron en el hotel, iniciamos la exploración. Algo extraño sucedía con el televisor de nuestra habitación, a poco de encenderlo andaba unos minutos y se apagaba,  pero no era el momento de preocuparse mucho por ello; uno de los encargados se acercó a la habitación para mostrarnos el funcionamiento del conversor, pero no parecía que de eso se tratase el problema. 

Alejo era el responsable ahora y la decisión fue utilizar el día siguiente para Pisa y Lucca. Eran alrededor de las 16:00hs y no nos quedaba mucho tiempo de luz. En camino al Duomo (estábamos a 2 cuadras), compramos un paraguas para Alejo (3 euros y aún vive). La lluvia era persistente y desertizaba las calles. El diseño urbano de Florencia es complicado; en el tiempo que estuvimos no llegamos a lograr esa sensación de dominio que siempre buscamos, quizás porque priorizamos conocer otras ciudades de la Toscana en los tres días de que disponíamos y la ventana de luz del mes de marzo no es propicia. Esa tarde tomamos contacto, bajo la lluvia, con la Plaza de la Señoría, hermosa en sí misma, con la copia del David y el grupo escultórico bajo las arcadas de la galería de la Loggia dei Lanzi. De allí hacia la margen del río y sus puentes, entre ellos el Vecchio, Con la lluvia y la oscuridad la mayoría de los escaparates estaban cerrados y decidimos volver. El camino de retorno fue por unas cuadras muy cosmopolitas, con locales de las marcas más exclusivas, entre ellas todo un edificio para Ferragamo por ejemplo. En el hotel le solicitamos al conserje nos sugiriera algún restaurant cercano y nos recomendó uno sobre la Piazza San Marco, a menos de dos cuadras de dónde estábamos. 

Se trataba de un lugar clásico, no muy grande y definitivamente caro para nuestras preferencias. Allí quedaron 59 euros por 4 cenas compuestas de 1 plato de pasta (Omar creo que pidió carne), escaso y no muy rico, y bebida económica. Decidimos que lo nuestro, para este tipo de viajes, son los locales de comida rápida y tratamos de mantenernos en este rango el resto del recorrido.

De vuelta al hotel vimos abierto el bar y decidimos complementar la cena con una sobremesa. Alejo declinó y el resto nos tomamos sendos café, té y chocolate (7.8 euros) antes de ir a dormir.

Día 4 

 Lunes 11 de marzo

Por la mañana tuvimos nuestro primer encuentro con el desayuno del hotel.. momento cuasi místico en cada nueva escala. Afortunadamente, como en Roma, el desayunador abría temprano (a las 7). Superar el del Richmond no iba a ser fácil, pero el Due Fontane estuvo a la altura. Variado buffet con fiambres, frutas, yogurt, cereales, buena pastelería, una máquina de café que expendía café late, café solo, capuchino, chocolate y agua caliente para quien prefiriera té; jugos y galletitas. Completo, variado y abundante, nos permitió llenar los tanques para enfrentar un día movido. 
Munidos de las guías con mapa nos dirigimos hacia Santa María Novello, pensando aprovisionarnos en el Mercado de frutas y otras vituallas para la excursión toscana, pero resultó demasiado temprano. Nos conformamos con un Tutto por 99 cents, que encontramos abierto y cargamos algunas provisiones, básicamente galletas dulces y saladas envasadas. Algunos puestos del mercado de artesanos se estaban armando con cierto desconsuelo, previendo otro día lluvioso con ventas pasadas por agua. Reemplazamos en uno de ellos el paraguas de Milena, que había agotado su vida útil el día anterior. El pegamento de mis botas tampoco había resistido el embate de tanta agua, así que partir de ese momento mi calzado se limitaba a las zapatillas y eventualmente algún uso a préstamo de los borcegos de mi hija. 
En Santa María Novello tuvimos nuestro primer encuentro con las máquinas de autoservicio para la adquisición de pasajes. El sistema es muy simple de usar, pero renegamos un poco con la tarjeta, después de varias pasadas la tomó y emitió un único boleto para los 4. Ya sabíamos, por nuestra investigación en foros durante la planificación, que era necesario validarlo en las máquinas que se encuentran al costado de los andenes, antes de abordar el tren. En el cartel central estaba claramente indicado, buscando la identificación del tren que figuraba en el boleto y su horario, el anden de partida. Sobre el anden también hay carteles que indican cuál es el tren que está arribando, su destino y horario de partida; imposible equivocarse. Para este tipo de trenes (de cercanía) no es necesario buscar un vagón ni asientos determinados. No tuvimos problema en ubicarnos y disfrutamos el trayecto a Pisa.
Pisa nos recibió con un enorme mapa a la salida de la estación, 
donde Alejo verificó lo que recordaba: para llegar al Campo de los Milagros o Piazza del Duomo había que cruzar buena parte de la ciudad, incluyendo el Arno. Con una foto sacada con el i-pod al cartel suplió la guía olvidada de este lado del Atlántico. La primera parte del recorrido es más moderna, hasta llegar a una plaza amplia con fuente y monumento al rollizo Vittorio Emanuel II. Desde allí empalmamos con una peatonal bastante concurrida. Tratamos de aprovechar con el ipod de Alejo el WiFi gratuito de la comuna que se anunciaba en algunos carteles, pero exigía registrar un número telefónico, que no teníamos, y desistimos. La vidriera de KIKO ostentaba una promoción de máscara para pestañas a 3,9.. completamente irresistible: "Deme 2, y con tarjeta"
Pasado el lapsus consumista seguimos disfrutando de un paisaje que poco a poco se volvía más amenazante, desde un punto de vista climático. Cruzamos el Arno por el Ponte di Mezzo desembocando en Piazza Garibaldi, y después de media hora de caminata, pasando por la Scuola Normale Superiore, divisamos la torre y se abrió ante nosotros la Piazza del Duomo, hermosa con su césped brillante y cuidado (pese a la muchedumbre, se respetaban los carteles que prohibían pisarlo so pena de multa) bajo un cielo gris cargado. Enormes colas para subir a la torre. Nosotros ya habíamos definido que no lo haríamos. Recorrimos el enorme Campo de los Milagros observando el Presbisterio, el Duomo, la Torre. La cantidad de adolescentes en grupo era llamativa, parecía Bariloche en julio, pero con una algarabía ordenada y respetuosa. Intrigados, intentamos conversar con dos jovencitas que en italiano, ayudadas por un inglés bastante rudimentario, nos dieron a entender que era una actividad organizada, como un viaje de estudios con examen incluído, todos los años, para los últimos años de los colegios secundarios (suponemos que de la zona, la propia Pisa tiene una impresionante actividad universitaria). Tras intentar sin éxito las fotos sosteniendo la torre (es graciosa la cantidad de gente en la misma posición en el sector de césped que aparentemente es óptimo para la toma), y un poco asustados por el tinte que tomaba el firmamento, emprendimos el regreso, pasando por la curiosa iglesia de Santa María della Spina, con sus pequeña planta rectangular y sus frentes góticos, casi colgada sobre el Arno. Desandamos el camino hasta la estación y adquirimos nuestros boletos a Lucca con cierta tranquilidad. Afortunadamente conseguimos asientos ya que pocas paradas más adelante, buena parte de la horda estudiantil abordó el "conwoy". Fue una experiencia peculiar, bastante más cercana a nuestros colectivos urbanos sobre el mediodía, pero sin cumbia y con la ventaja de no entender el idioma. La verdad es que, pese al amontonamiento, las risas, y algún pequeño empujón fueron tranquilos. Bajamos prácticamente sobre las vías, que tuvimos que cruzar para llegar a la estación; evidentemente Lucca era una ciudad mucho más pequeña. En los andenes vimos sangre, oímos gritos y entendimos que los adolescentes de otro vagón no habían sido tan ordenados como los que nos tocaron en suerte. Por alguna extraña razón la multitud se dispersó por otros destinos y nos encontramos completamente solos, como en casi todo nuestro recorrido por Lucca. 
A falta de cartel con mapa, en Lucca adquirimos uno en el kiosco de revistas de la estación a 4 euros. 
Lucca es una ciudad medieval amurallada, con un intrincado diseño interior de callecitas estrechas empedradas, sin veredas (o sin calzada, como se quiera ver), arcadas y pasajes, como Siena, pero en este caso la muralla y sus puertas están intactas. Por fuera es una ciudad corriente, con avenidas y comercios similares al resto, pero cruzar alguna de sus enormes puertas equivale a ingresar en la máquina del tiempo, configurada para retroceder 500 años o más. 
El cielo completamente cubierto, las copas de los árboles peladas, el verde intenso del césped que rodea la muralla, la soledad, el silencio y la propia muralla nos brindaron en su conjunto un recibimiento onírico. Caminamos un poco por el camino sobre la muralla e ingresamos a Lucca por la Piazza San Martino, frente a la catedral. La lluvia arreciaba a ratos e ingresamos a la catedral, más para guarecernos que por visitarla. Igualmente sólo pudimos permanecer en una especie de recibidor, con una exposición y venta de souvenirs  relacionada a Giacomo Puccini, ya que para visitar la catedral hay que pagar. 
Bajo paraguas y capuchas pasamos por la Plaza San Miguel y su iglesia homónima, con las columnas superiores todas distintas, la casa de Giacomo Puccini, y llegamos a la Piazza del anfiteatro. Hoy veo fotos en la web de esta plaza y es difícil pensar que es el mismo escenario de las nuestras. Se trata de un círculo completamente rodeado de edificaciones, al que se accede desde callecitas estrechas por portales. En el interior, días corrientes, hay puestos, confiterías y movimiento. Nosotros estábamos solos.. los bares mejor montados, con gazebos, estaban desolados y todos los negocios que circundan cerrados. Saliendo pasamos por la Iglesia de San Frediano y caminamos por algunas calles más comerciales, con algunos escaparates curiosos como uno dedicado a banquetas..Encontramos un pequeño barcito abierto y merendamos. Era un lugar muy pequeño, con una sola mesa y 2 banquetas altas y una única dependienta, que cobraba, hacía los cafés o chocolates, horneaba en el fondo y servía. Probamos una torta muy tentadora y tomamos algo calentito (8.3 euros), pero lo escueto de las instalaciones no nos permitió satisfacer otras necesidades que comenzaban a hacerse acuciantes.
En todos estos lugares los baños públicos son pagos (entre 1 y 2 euros), incluso en las estaciones de trenes, y pocos comercios los tienen para uso del público, ya que en general son locales muy pequeños. Es bueno aprovechar siempre los baños de los trenes, que son limpios, están perfectamente equipados y son gratuitos. 
Decidimos hacer un recorrido por la muralla antes de volver. Desde allí divisamos el Palazzo Pfanner y sus jardines y tomamos algunas fotos muy bellas ayudados por la luz un poco fantasmagórica de una tarde desasosegada. 




Salimos por la Puerta de San Pedro y volvimos a la estación. El tren que nos llevó de regreso a Florencia (28 euros) era de dos pisos y a estrenar. Tuvimos el vagón (y no sé si el tren) para nosotros solos, con un baño más espacioso que el de nuestra casa. Aprovechamos el recorrido para planificar el día siguiente, sabiendo que no nos sería posible visitar todos los museos florentinos y ayudados por la guía que nos dieran en el hotel donde figuraban los horarios de apertura y cierre de la mayoría de ellos, El plan quedó así: por la mañana Siena, y por la tarde el Duomo y la Gallería della Accademia. 
Arribamos a Florencia casi de noche. Logramos recorrer el mercado de artesanías pero llegamos tarde para comprar los buzos de Universita di Firenze con tarjeta. La mayoría de los puestos corresponden a locales más "formales" que se encuentran en la cercanía. Para abonar con tarjeta debíamos hacerlo en el local, que ya había cerrado. La recorrida incluyó una peatonal comercial donde arovechando una liquidación, Milena se hizo de unos lindos borcegos rojos con piel en el interior a 10 euros. La cena de esa noche decantó por un local de comida china a dos cuadras del hotel. Ofrecía variaciones con arroz (pollo, camarones, etc.) y platos de carne. Se ordenaban en el mostrador y se comían en mesas altas (justo lo que buscábamos después de la onerosa experiencia "gourmet" de la otra noche), con palitos o tenedor. Nos salió todo 24 euros y quedamos muy conformes. 
De vuelta al hotel advertimos un movimiento inusual. Valijas en los pasillos, grupos numerosos de adolescentes y carteles anunciando horarios..mmmm..
Nuestro televisor seguía en las mismas condiciones y pedimos que lo cambiaran, por esas cosas de la organización parece que era más sencillo cambiarnos a nosotros y allí fuimos, con nuestros bártulos, un piso más arriba a una habitación triple.
La conexión a Internet era malísima. Intenté en vano enviar un mail desde la habitación. Pensando que con mejor señal aumentaría la probabilidades de concretar hazaña tan poco ambiciosa, bajé al loby e intenté desde allí.. sin mejor suerte. Esa noche no fue tan apacible aparentemente, hubo ruidos de los que me anoticié al día siguiente ya que yo duermo igual, pero Omar tuvo que encender la calefacción para tapar con su ruido monótono pero intenso, el barullo exterior.

Día 5

Martes 12 de marzo

Nos levantamos temprano con la expectativa de reproducir el desayuno del día anterior antes de partir para Siena. Ya en las escaleras nos encontramos con grupos madrugadores que se organizaban para ocupar mesas. El único mozo encargado de reponer, limpiar mesas y vaya uno a saber cuántas cosas más, nos indicó como pudo que nos arregláramos con los lugares que encontráramos vacíos. Así, compartimos una mesa con estudiantes españoles. Mientras terminaba mi café vi a uno de ellos aprovisionar su mochila con fruta, galletitas envasadas y un sandwiche prolijamente armado y embalado en una bolsa de papel que traía al efecto. Si bien fue más complicado acceder a toda la variedad de alimentos y ésta había mermado en relación al día anterior, pudimos alimentarnos apropiadamente. 
Cargamos nuestros paraguas, las galletas que habíamos comprado el día anterior y no habíamos consumido, la botellita de agua y partimos hacia la estación. Los boletos a Siena nos salieron 34 euros; el viaje fue tranquilo y desembocamos en una estación muy grande y moderna, por cuyo interior subimos por escaleras mecánicas, rampas y escaleras ordinarias durante 20 minutos más o menos. Al salir un mirador compensa la subida. Me cuesta reconstruir nuestro itinerario con las fotos y la información que encuentro en la web. Aquí Alejo se manejó con un mapa que Carla le había prestado a Omar, y tras ver una enorme puerta o arco, nos sumergimos en la ciudad. Una de las primeras vidrieras que encontramos exhibía armaduras y todo tipo de elementos medievales a escala natural. Pasamos por algo parecido a una escuela de música o conservatorio (se escuchaban prácticas desde el exterior) con un patio trasero enorme, desde allí a una especie de centro cívico con plaza ordinaria (como las nuestras) y edificios públicos, seguimos hasta la Basílica de San Doménico, enorme iglesia gótica con el frente en ladrillos y enormes pinos a la entrada. Este estilo de iglesias, a diferencia de las barrocas, tienen la particularidad de parecer por fuera mucho más grandes o monumentales que en su interior. Al ingresar nos encontramos con una planta amplia, despojada y bastante austera, donde no se pueden sacar fotografías. Aparte de unos grandes murales, nos llamó la atención la cabeza real de Santa Catarina, en su altar. Averigüé después que el cuerpo de la santa está en Roma, también exhibido. En ese momento no conocía la historia, pero sin duda me impresionó lo suficiente para indagar después.. si lo que leí es correcto, sospecho que el santoral católico es un compendio pre freudiano bastante variado de casos psiquiátricos.
Desde allí, pasando por el estadio comunal nos adentramos finalmente en el casco antiguo, en la verdadera Siena. Si bien el diseño y el contexto es similar a Florencia o Lucca, Siena parece estar sobre un terreno más sinuoso, con elevaciones que empinan sus callejas mucho más que en las otras. Corredores estrechos, empedrados, donde parece imposible que pudieran circular vehículos, y no solo lo hacen sino que también los dejan estacionados contra unos topes que hay entre los adoquines, con curvas que es difícil entender cómo pueden ser sorteadas.Sobre los muros enormes argollas de hierro, como aldabas huérfanas, nos plantaron la duda sobre su función. Pasamos por el convento y la casa natal de Santa Catarina y vimos un restaurant montado en la vereda con dos mesas:


Un verdadero primor.
Arribamos a nuestra próxima escala: El Duomo. La catedral de Siena es muy similar en su exterior (el mármol rosa, verde y blanco, y el tipo de ornamentos) a la de Florencia. Alejo nos había instruido sobre la histórica competencia entre las dos ciudades y el proyecto inconcluso que ahora apreciábamos, con la particular torre al fondo, en la que a medida que aumentan los pisos, se incrementa el tamaño de la abertura central y el número de columnas en el interior de la misma (de 0 a 5). Camino a la Piazza del Palio, ingresamos al patio del Palazzo Chigi Saracini, con su hermoso aljibe central, alcancía de deseos con destino internacional. 
Tras un portal se abrió ante nosotros la Piazza del Palio, enorme explanda de ladrillos, ligeramente inclinada y rodeada completamente por edificaciones. Sobre el fondo, en la parte más elevada, la Fonte Gala, diametralmente enfrentada al Palazzo Comunal con su Torre del Mangía. El cielo estaba despejado y el sol entibiaba a los numerosos grupos, generalmente de jóvenes, que sentados en el piso estudiaban, leían, conversaban o almorzaban. Hicimos frugalmente lo propio con nuestras galletas (las almorzamos, no las leímos) y luego vimos hasta dónde podíamos ingresar al Palazzo sin pagar entrada. El Palazzo Público, apenas traspasar su enorme puerta, presenta un patio y allí la boletería, requiriendo una entrada de 8 euros para subir a la Torre, y de 13 para incluir la visita al Museo Cívico
Ingreso a Torre Mangia, Siena - Florencia
El diseño circular de la Piazza nos complicó un poco la salida, creyendo alejarnos en cierto momento nos encontramos ingresando otra vez.. Con la ayuda del mapa y cierta desorientación buscamos la salida que nos llevara a la estación. Creo que caminamos de más y nos encontramos de pronto sobre la parte moderna, con autobuses y tráfico, viendo la confluencia de vías ferroviarias pero no la estación.
Durante el viaje de regreso, cerca de las 16:00hs. decidimos tratar de llegar al Duomo (Santa María del Fiore), directo desde la estación para aprovechar el ingreso antes de la hora de cierre (creo que era a las 17:30). La Gallería della Academia cerraba a las 19. 
Pudimos apreciar el interior del Duomo, desafío cervical con sus paredes altísimas, los frescos como el de Dante y la Divina Comedia, de Michelino,  y la enorme cúpula de Brunelleschi con la representación del Juicio Final en niveles. 
Llegamos a la Academia cerca de las 18hs. Había cola para ingresar pero no tuvimos que esperar demasiado. Nos costaron 26 euros las 4 entradas, pudimos abonar con tarjeta, pero no sacar fotografías. El David resulta impresionante y merece la contemplación. Lo preceden varias estatuas de Miguel Angel de gran tamaño, inconclusas.  El resto del museo ofrece algunas obras de gran tamaño, recientemente restauradas, un taller de escultura, con video explicativo,  y gran cantidad de moldes en yeso de obras importantes cuyos originales en  mármol se encuentran en otros museos; y una gran colección de retablos y pinturas de los siglos XII a XV aproximadamente, principalmente religiosas y con la técnica del dorado a la hoja. En su conjunto resulta un poco agobiante y bastante monótono. 
Al salir, volvimos hacia la Piazza de la Signoría, tratando en el trayecto de localizar un restaurant con un cartel interesante que había creído ver esa mañana. Si bien habíamos quedado muy satisfechos con nuestra experiencia gastronómica oriental, por regla no me gusta repetir. La búsqueda fue infructuosa, sospecho que quizás el local estaba donde pensaba, pero el cartel refería a alguna oferta de mediodía y no lo sacaban por las noches. Terminamos en un comercio que vendía comida al peso y pizza, atendido en el mostrador por un mexicano, con gran cantidad de mesas y salones hacia el interior. Todos pedimos pizzas y nos instalamos en un salón con una estética bastante decadente (gran espejo manchado, potus plásticos, pintura obsoleta), enfatizada por la falta de comensales.  
Esperábamos repetir la experiencia de la noche anterior en el bar del hotel, pero estaba cerrado. Alejo se quedó y el resto salimos a buscar donde tomar un té antes de ir a dormir. No nos alejamos del hotel, pero el movimiento era mínimo. Seguía lloviznando, los comercios estaban cerrados pese a no ser tarde. En la Piazza del Duomo encontramos un barcito donde consumimos dos tés tibios, un chocolate y un waffle on nutella (es la debilidad de mi hija), por 11 euros. 

Día 6

Miércoles 13 de marzo

Uno de los contingentes del hotel había desaparecido y, si bien no estábamos tan solos como el primer día, fue bastante más tranquilo que el segundo. Apenas asomarnos fuera, nos desmoralizó una lluvia pesada.. nos mantuvimos un rato bajo las arcadas de la Piazza de la Annunziata, pero como no amainaba, decidimos tratar de recorrer lo más posible dadas la circunstancias. Compramos los 2 buzos para los chicos en el puesto que habíamos visto, 15 euros cada uno con una remera bordada de regalo. Milena regateó por una billetera (10 euros). El mercado de artesanías de Florencia destaca por sus artículos de cuero, no vimos lo mismo en las otras ciudades que visitamos. Muy buenas carteras, billeteras, cintos, de un cuero colorido y muy bien trabajado. Pasamos por la Iglesia y por la casa del Dante y volvimos a la Piazza de la Signoría, para apreciar mejor las estatuas de la Gallería de la Logia dei Lanzi, la fuente de Neptuno, el monumento a Vittorio Emanuelle II, Sobre la Plaza se encuentran también el Palazzo Vecchio y la Galería de Uffici. Los recorrimos por fuera y fuimos hacia el río. Otra vez cruzamos el Ponte Vecchio, con sus comercios mayormente cerrados y poca gente circulando. Nos llamó la atención una estatua (de Benvenuto Cellini ¿?), bordeada por una reja, en la que centenares de candados quedaron como testimonio persistente de amores que quizás no lo fueron tanto. 
Terminamos el itinerario frente al Palazzo Pitti. 
A las 12:15 nos esperaban nuestros asientos en el coche 5 del Frecchiargento (este era de los rápidos) a Venecia. El Due Fontane fue el único hotel de todo el recorrido en el que nos permitieron pagar el impuesto municipal de 36 euros con tarjeta. 
Disintiendo con muchas de las opiniones que había leído en cuanto a que Florencia es un destino para 1 o 2 días, me quedó la sensación de que los 3 insumidos no alcanzaron. Seguramente la decisión de utilizar día y medio en otros lugares como Lucca, Pisa y Siena, la lluvia, la reducida ventana de luz de esta época del año y los restringido horarios de visita de las atracciones, conspiraron para terminar con la sensación de que no llegué a internalizar la ciudad como hubiera querido. Sin resignar ninguna de las ciudades, quisiera haber tenido más tiempo para recorrer la propia Florencia y quizás recorrer alguno de los otros museos que sólo vi por fuera. Pero es cierto que el tiempo es un bien escaso para el viajero inquieto.


A cruzar el charco

La noche anterior a la partida, de acuerdo a lo que nos indicaran en la Agencia, la gente de Vantravel se contactó telefónicamente con nosotros para coordinar el traslado. 
Consultamos el Wheather Channel, con su pronóstico extendido para el itinerario, y agregamos algo de abrigo y paraguas , nos esperaba el frio y distintas variables de clima, de nublado a francamente lluvioso. A las 6:10 del día del vuelo nos pasaron a buscar en una minivan nueva. El viaje tranquilo, con la consabida parada en la ESSO de San Pedro para un desayuno. Como es habitual, entre Capital y Ezeiza el tráfico estaba fatal y avanzábamos a paso de hombre. Llegamos igualmente con el tiempo suficiente a la nueva Terminal C, de donde partía el vuelo a las 14:15.
El vuelo de Alitalia, directo y sin contratiempos, con las estrecheces de clase turista pero con comida suficiente, nos dejó en Fiumiccino a la hora prevista (7:10 del viernes 8/3). Nos dieron los 4 asientos en la misma fila, 3 del grupo de ventanilla derecha y uno central, con pasillo, que fue el que ocupé yo.
No había "amenities" de ningún tipo (me saco el sombrero ante TAM, que en eso es espectacular.. aún uso medias y equipos dentales de mi viaje anterior!). Cada asiento tenía su pantalla individual para el esparcimiento y las azafatas distribuían los auriculares que retiraban antes del aterrizaje. La oferta de películas no era demasiado grande si consideramos que encima había pocas subtituladas en español. Vi "FrankieWeenie" y no recuerdo si alguna más. No había series pero sí algunos juegos interesantes (el tetris, el pacman, una trivia y quién quiere ser millonario, que estando en inglés era más una suerte de ruleta que una cuestión de saber) y algunos documentales. Con la esperanza de poder conciliar el sueño, cosa casi imposible entre la incomodidad del asiento y las frecuentes interrupciones, de las azafatas con sus carritos y de mis compañeros de bloque de asientos para salir, en vez de agua pedí vino pero resultó malísimo, con lo que a la vigilia sumé un espantoso dolor de cabeza. Para la cena podía optarse entre pasta o carne, yo seleccioné esta última y estuvo correcta. Trozos de carne vacuna con crema y algunas verduras.
Cuando arribamos al aeropuerto, tras buscar el equipaje, nos costó un poco encontrar un mostrador de Terravisión. Si bien ya tenía el voucher, no sabía dónde esperar el servicio. Una vez que lo hicimos no hubo ningún inconveniente. Con el voucher impreso tomamos el próximo bus (muy buenos coches) y recorrimos el trayecto a Términi, con lo que tuvimos nuestra primer visión de la ciudad eterna.



jueves, 21 de marzo de 2013

Museos Vaticanos, Trastévere y Gianicolo

Día 14

Museos Vaticanos, Trastévere y Gianicolo

Como indico en la opinión, InnVatican no ofrece desayuno. Sólo deja a disposición una jarra eléctrica y, al momento del ingreso, algunas galletitas, café y té en saquitos de cortesía. No hay reposición, pero dada nuestra situación, la responsable del establecimiento y la chica de la recepción se afanaron en proveernos algunas cosas más para compensar el cambio. No era suficiente para nosotros pero complementamos con las madalenas que habían sobrado del día anterior. Salimos temprano y nos ubicamos en la cola para el ingreso a los Museos que habrían a la 9hs.
La entrada es de las más costosas que tuve que pagar en un museo, 16 euros por cabeza, pero vale la pena. Entramos con los primeros contingentes y eso fue bueno ya que más tarde se llenó demasiado. No sé por qué decidimos apurar el camino hacia la Capilla Sixtina sin detenernos, y dejar para después el resto de las salas. El diseño de estos museos es tal que desandar camino o cortar por otro lado resulta muy difícil, como lo verificamos más tarde.
Una vez hubimos terminado de admirar los frescos de Miguel Angel y compañía, realmente asombrosos, lo que pudimos hacer bastante cómodos (después era un infierno), tratar de retornar a las salas que dejamos atrás, avanzando contra la corriente, fue terrible. En los museos es posible sacar fotografías a excepción de la Capilla Sixtina. Aquí, además de las cámaras, están prohibidos las conversaciones. Igualmente el susurro es incontrolable y permanente la amonestación de los guardias.
La Capilla Sixtina en los Museos Vaticanos es equivalente a La Gioconda en el Louvre: se constituye en la meca de la masa que desestima la valiosísima pinacoteca y las increíbles salas que la anteceden. El sector destinado a la cultura egipcia es impresionante así como las urnas funerarias del período romano. A mi humilde entender está a la altura del British en cuanto a patrimonio arqueológico. Recorrimos las interminables galerías, todas distintas, y el Museo del Carruaje, y terminamos las madalenas en los jardines, entre millares de merendantes. Salimos recorriendo las emblemáticas escaleras circulares, hicimos una escala sanitaria antes de salir, y otra de aprovisionamiento afuera, en el carrito de la puerta: sandwiches no muy sabrosos y gaseosas. De allí, pasando por la plaza San Pedro nos dirigimos caminando hacia el barrio del Trastévere.
Poco antes del viaje habíamos visto la película A Roma con amor, de Woody Allen, y queríamos a toda costa encontrar la esquina cubierta de enredaderas en que el personaje de Alec Baldwin se detiene a descansar. Ya en la plaza frente a la iglesia de Santa María en Trastévere, corazón del barrio, aún no sentíamos que ése fuera el sitio, y en realidad, pese a adentrarnos cuánto pudimos, regresando mil veces sobre nuestros pasos para probar otra callecita, nos terminamos yendo con cierto gusto a fracaso. El lugar es muy lindo, pero supongo que la mayoría de las imágenes que lo representan fueron tomadas en verano o entrada la primavera, con las plantas frondosas y florecidas.. sin glicinas ni fronda, quedan los bares, las macetas, las callecitas, pero pierde algo de identidad. Resignados tomamos el camino que nos llevaría hacia el parque Gianicolo, en la colina del mismo nombre. Los mapas no eran del todo claros en cuanto al camino a seguir, lo que parecían calles en la realidad resultaban áreas cerradas por paredones o interrumpidas por escalinatas. Finalmente encontramos una hermosa fuente, la fontana del'aqua Paola, frente a uno de los tantos miradores romanos. Vista de la ciudad y, allí nomás, la entrada al Gianicolo. Seguimos el sendero hasta toparnos con un nuevo mirador, espectacular. Desde esta posición se divisan todos los hitos de la Roma Clásica, la que está de "este" (para nosotros ahora, aquel) lado del río.
En frente un monumento a Anita Garibaldi, bajo el que se encuentra sepultada, relata en sus frisos momentos clave de su gesta. Aún era de día, y, con suerte, podríamos aprovechar para hacer ahora la visita a la Basílica de San Pedro y quizás evitar las enormes colas que habíamos visto por la mañana. Efectivamente, eran cerca de las 6 de la tarde y no había nada de cola para entrar. La entrada a la basílica es gratuita y ningún cartel veda las fotos. El edificio es realmente monumental, uno más allá de sus convicciones religiosas, no puede más que sentirse muy pequeño ante esas puertas exageradamente enormes.. quizás fuera ese su objetivo. Nuestro recorrido en sentido contrario a las agujas del reloj, nos puso nomás entrar frente al La Pietá, de Miguel Angel.. Seguimos admirando el interior mientras se terminaba de celebrar una misa, los participantes completamente ajenos al flujo turístico. Ya sobre la mano izquierda se encuentra el ingreso a la Sacristía, con el Museo Histórico y el Tesoro. Sin pagar se puede entrar a la primera sala donde destaca una enorme placa de mármol con los nombres de todos los pontífices desde San Pedro.
A la salida vimos a la guardia suiza con sus llamativos uniformes y, siguiendo el sentido de todo nuestro recorrido, encontramos los baños.
Saliendo ya de la plaza se encuentran las Gallerías Marianas y otros muchos locales por el estilo que ofrecen souvenir y recuerdos religiosos y laicos a precios bastante razonables (3 grandes pañuelos de seda por 5 euros, por ejemplo).
Comenzaba a anochecer y estábamos agotados, yo al menos. Un persistente dolor de cabeza me venía acompañando desde principios de la tarde y no tuve la precaución de tomar algún analgésico al llegar al hotel.
Salimos para cenar en un local que habíamos visto al volver del Vaticano, que ofrecía menús de lasagna, pizza o canelones a 7.5 más o menos. Omar, Milena y yo pedimos canelones (lasagna no había) y Alejo una pizza. La verdad que estaban muy buenos, pero después de 2 bocados me dí cuenta que el dolor de cabeza no me permitiría sequir.. no sabía cómo sentarme para que el dolor se hiciera soportable al menos hasta que los demás terminaran su comida. La mujer de detrás del mostrador se asustó de mi cara y me ofrecieron un analgésico. No terminé de tragarlo que tuve que salir corriendo a vomitar lo poco que había ingerido en la vereda. Allí me quedé hasta que el resto de la troupe terminó su cena y pagaron con las debidas disculpas. En el camino de vuelta comencé a sentirme más aliviada y la aspirina que tomé al llegar pudo cumplir su cometido.

Día 15

Viernes 22 de marzo

Todo tiene un final.. todo termina.

A la mañana siguiente, olvidado el malestar de la noche anterior, salimos a nuestra última recorrida romana. El límite eran las 18:45. A esa hora teníamos reservado el billete de Terravisión que nos llevaría de Termini a Fiumiccino.Decidimos recorrer sin rumbo determinado hasta después del mediodía. A esa hora regresaríamos para hacer el check out y dejar las valijas en consigna hasta eso de las 16:00 en que, Metro mediante, desharíamos el camino a Términi. El día era soleado y la temperatura agradable. Sin demasiado abrigo recorrimos los alrededores del Castell Sant'Angelo y desestimamos entrar. Cerca de uno de los puentes más importantes que cruzan el Tiber, el Vittorio Emanuele II, nos detuvimos ante una máquina expendedora de billetes de Metro para comprar los nuestros con anticipación y ahorrar un trámite por la tarde. Recorrimos las pantallas hasta el ingreso de efectivo y allí, para cubrir los 6 euros requeridos, ingresamos una primer moneda de 2 sin que el aparato acusara recibo... bueno, dijimos, quizás recién responda al terminar la carga, y allí se fueron otros 2 y la pantalla, que esta vez sí reaccionó, volvió al inicio como si no estuviéramos allí. Los argentinos para estas situaciones tenemos una solución inmediata que en ocasiones evita pasar a mayores. Apliqué un golpe seco y el tintineo adelantó el éxito. Una moneda de 2 euros en la gaveta del cambio... ,un segundo golpe y una de 1 nos dejó a 1 paso del empate. Alejo mientras tanto en una ligera recorrida visual encontró otra moneda igual en el piso.... Listo, estábamos hechos y seguimos camino. A los pocos metros Milena y yo creímos que la anécdota bien valía un registro visual y retornamos por una foto...y un golpecito de despedida que reportó 2 euros más ... Ojo, en ningún caso recomiendo emprender a los golpes con estas máquinas.. lo nuestro fue un estricto acto reivindicatorio.Más tarde nos enteramos que ese día había paro de Metro así que el mal funcionamiento de la máquina resultó una bendición... no sé dónde nos hubiéramos metido los 4 billetes.. y por las dudas prefiero no recibir sugerencias al respecto.Después de cruzar el puente buscamos el Palacio Farnesi, ya que no recordábamos haberlo visto en nuestra etapa anterior. En realidad queríamos identificar un edificio imponente que destaca desde los miradores del Gianicolo, y creímos que se trataría de este. El frente del Palacio no es demasiado impresionante y no despejamos la duda.Estábamos cerca del Campo di Fiori, que habíamos visto de noche y bajo la lluvia.. es decir, no lo habíamos visto. Bajo el sol los puestos de flores y especias deslumbran. Compramos unos paquetes de cus cus y risotto (5 euros cada uno) y una ensalada de frutas grande para compartir y emprendimos el regreso silvando bajito. Antes de volver al hotel, pasamos por la estación de Metro, para corroborar lo que habíamos escuchado.. vacía. En las paradas de autobuses, sólo algunas líneas mantenían alguna frecuencia. Las opciones eran taxi o..... sí, quien leyó hasta aquí no va a sorprenderse, caminar hasta Termini. And the winner is...!!!! Los argumentos fueron que de todos modos no teníamos prevista ninguna visita en particular para las horas que mediaban hasta las 18, que el recorrido era plausible (no sería la primera vez que camináramos esa cantidad de cuadras) y que por tanto, entre caminar sin rumbo para pasar el tiempo o hacerlo con las valijas a cuestas en dirección a Términi, y ahorrarnos el taxi, la última alternativa era mucho más desafiante!. Check out, devolución del mapa  y pago del impuesto municipal en Inn Vatican, almuerzo en un carrito a la salida de la Plaza San Pedro, helado sobre Vía Corso Emmanuelle, sentados al costado del Área Sacra del Largo Argentino y seguir por Vía del Plebiscito. A una de las valijas grandes terminó por rompérsele la manija y Omar optó por llevarla al hombro. Realmente éramos un espectáculo. Como ingresamos por detrás de Términi vimos el Museo de la República y la fuente de las tortugas de Bernini, que no habíamos visitado en nuestra estancia de este lado del Tíber. Llegamos con tiempo de sobra a Términi, localizamos el local de Terravisión y nos indicaron que podíamos tomar un bus previo para no esperar hasta las 18:45. Cruzamos y nos acomodamos con nuestro bártulos en unas mesitas sobre la vereda y bajo andamios de un bar, donde consumimos lo que quedaba en el exhibidor: tortas y algún sandwichito simple. Llegamos con tiempo al aeropuerto para usar los baños y comprar los obligados chocolates para familia y compañeros de trabajo. El vuelo de vuelta fue también sin complicaciones, nos tocaron los 4 asientos centrales así que contábamos con 2 salidas. Creo que hubo menos comidas que a la vuelta, pero utilizamos esta vez la opción de snacks y bebidas libres llendo hasta donde se encuentran las aeromozas. Allí dejaban una bandeja con gaseosas y pequeños sobrecitos con snacks.. suficientes para aplacar las esperas entre colaciones. Ya en Ezeiza no tuvimos que esperar demasiado para iniciar el recorrido a casa con Van Travel.. fin del viaje.

miércoles, 20 de marzo de 2013

De vuelta en Roma

Arribamos a Roma y, siguiendo las indicaciones de que disponíamos, buscamos el Metro y sus boleterías.. Optamos por las ventanillas, pese a la cola, porque no teníamos tan en claro el uso de las máquinas expendedoras. Pagamos 8 euros por los 4 pasajes que tenían un precio nominal de 1.5 (¿será por el uso de cajeros humanos?). Descendimos en la estación prevista y con ayuda del mapa y bajo una lluvia persistente buscamos la calle de la Residenza Vaticana. No nos resultó muy sencillo y tuvimos que desandar en varias ocasiones.
Cuando encontramos la calle y el número, una sencilla placa indicaba que en el edificio funcionaba el B&B. El encargado nos dijo que esperáramos allí y se comunicó con alguien que bajó a asistirnos. En el palier del edificio y sin poner demasiado empeño en explicarnos la situación, este señor nos dijo algo sobre un "problema" y la necesidad de alojarnos en un hotel vecino.
Con sonrisas nerviosas y empeñado en obtener un "ok" mío a toda costa, nos respondió que tendríamos los mismos servicios, antes de hablar algo con el taxista al que convocó, cargar las valijas en el baúl y cerrarnos la puerta. El taxista hizo un recorrido que evidenciaba que el destino no era tan "vecino" como se anunciara. La pantalla del GPS se obstinaba en burlar mi poco sentido de la orientación.. el tiempo pasaba y el conductor no sabía o no estaba interesado en hablar otro idioma que el italiano. Al llegar, no obstante supo hacernos entender que debíamos abornarle 13 euros.
Nos negamos a pagarlos (de hecho, pensamos que había sido pago por el señor de Residenza Vaticana) y se generó una situación muy desagradable entre el pobre taxista, la recepcionista del nuevo hotel (Inn Vatican) y su dueña. Tengo que destacar la buena voluntad de éstas últimas que terminaron haciéndose cargo de la situación e intentando por todos los medios a su alcance de lograr nuestra satisfacción.
Si bien la dueña de Residenza Vaticana se disculpó telefónicamente más adelante, ya que recién habían informado sobre el problema con la habitación el día anterior, en un mail que no pude chequear, el cambio no fue a nuestra satisfacción. Suponemos que la fiebre periodística por la asunción del Papa colapsó en esos días el alojamiento cercano al Vaticano, y pese a nuestra reserva anticipada, resultamos perjudicados.
La elección original del hotel se basaba en su ubicación y la condición de desayuno buffet. El nuevo hotel, en realidad tampoco es un "hotel" propiamente dicho sino un Bed sin Breadfast , si bien no estaba muy mal ubicado y las habitaciones eran impecables, distaba muchas cuadras del anterior y no ofrecía desayuno en absoluto, sólo una cafetera eléctrica y algunas galletitas y golosinas de "cortesía" al llegar.
En el mostrador de la entrada nos prestaron un mapa ya que en los que disponíamos ese sector de Roma no figuraba. Afortunadamente pudimos verificar empíricamente después que la ubicación no era tan mala. Esta parte de Roma, al noroeste dell Vaticano es muy diferente a la clásica. Aquí hay grandes avenidas y si bien la edificación nunca es demasiado moderna, ofrece más oportunidades para comer a precios acomodados.
Esa noche, tras bañarnos, salimos a familiarizarnos con los alrededores. Estábamos a 2 cuadras de una estación de Metro y a unas 6 cuadras del ingreso a los Museos Vaticanos que visitaríamos el día siguiente. Después de llegar hasta la plaza San Pedro y el Castell Sant'Angelo iluminados, recalamos en un Burger King y cenamos por 30.8. A esta altura, y recién aquí desde su enojo en Nápoles, Alejo comenzó a sonreir y volvió a integrarse.


sábado, 16 de marzo de 2013

La Campania, con base en Nápoles

Sccapanapoli

En el último intercambio epistolar con Andrea, a partir del imprevisto desperfecto de su vehículo (se había ofrecido a trasladarnos desde el aeropuerto por 20€), definimos que apenas llegados a Campodichino, tomaríamos el Aerobus (3€) que llega al centro de Nápoles, a la terminal en la que confluye metro y autobuses. El boleto dura 1 hora y por tanto nos incluía el metro y el funicular necesarios para llegar al Buonanotte & Bongiorno, ubicado sobre la colina de Montecalvario y cuya fachada conocíamos a través de la vista callejera de GoogleMaps.
Retirado el equipaje, el primer desafío era descubrir la parada del Aerobus y la metodología de pago. Lo primero resultó sencillo y lo segundo lo terminamos resolviendo preguntando en la cola para abordar, a turistas tan desorientados como nosotros, pero en otros idiomas. Dilucidamos que el boleto se compraba sobre el vehículo y así resultó. 
Había leído mucho sobre Nápoles,.  Si alguien tuvo el aguante necesario para leer esta crónica desde su inicio, y una memoria prodigiosa, recordará que fue la etapa que me tocó en suerte investigar. A diferencia de otros lugares, todo cuanto se escribe de Nápoles tiene una extraña poesía, los meros datos históricos dejan lugar a emociones de lo más contradictorias y pasionales. Odios y encantamientos. Vida por sobre todo. Estaba enamorada del lugar antes de llegar, y no me sentí decepcionada, en lo más mínimo. 
El recorrido en el Aerobus (un colectivo del tipo de media distancia de los nuestros) nos brindó el primer pantallazo del caos napolitano. El tránsito es un completo desorden y la estética de las calles distaba mucho de los cuidados destinos anteriores. Resultaba mucho más "real". Cada una por su lado, al bajar comprobamos con Milena que ambas estábamos con parte de nuestros sentidos ocupados en captar y traducir las conversaciones banales que a nuestro lado tenían un grupo de estudiantes (o simples adolescentes) norteamericanas. Bajamos en lo que parecía ser un centro neurálgico del transporte y última parada del Aerobus, y buscamos la línea 2 del Metro, con dirección Pozzuoli, según las directivas de Andrea. Dos paradas y a la salida debíamos encontrar a no más de 50m la entrada al funicular. Cincuenta metros a la izquierda parece una indicación muy concreta en una ciudad cuadriculada como la mía, pero no lo es tanto en la maraña de callecitas, subidas, bajadas y esquinas múltiples de esa zona de Nápoles. Apenas salir de la estación del metro, con nuestras cada vez más ruidosas valijas, un picadito juvenil en una ochava cerrada nos distrajo y terminó siendo uno de los delanteros quien nos indicara el camino... goool. 
En la entrada a la estación del Funicular, donde salen 3 líneas, optamos por la de la derecha, de acuerdo a lo que nos indicara nuestro guía epistolar. El funicular resultó un armatoste bastante grande y despojado en el interior; como realiza un tramo muy breve la comodidad aquí no es una necesidad y los asientos están reservados, creo, a las personas mayores o con dificultades. En pocos minutos estábamos en la estación de Montesanto. Bajamos, seguimos la marea y nos encontramos sobre la avenida Corso Emanuelle. Desde allí la vista de Nápoles con el Vesubio al fondo y las escalinatas por debajo es impresionante. Del lado de la calle en que estábamos un cartel anunciaba el Bar Ecléttico, próximo hito de nuestro mapa del tesoro y futuro desayunador durante nuestra estadía; enfrente el desvencijado portal, exactamente igual que el que viéramos por GoogleMap.
Llegar al Buonanotte&Bongiorno desde allí, si bien no nos presentó confusiones ya que había prácticamente una única dirección a seguir, no dejaba de ser una aventura, sobre todo con equipaje: escaleras que bajan para después recuperar parte del descenso en un  tramo posterior de subida, pasillos y cambios de arquitectura variados, desde un pasaje antiguo, oscuro y húmedo, hasta un rincón lleno de plantas y luz ,más moderno. Nuestro recorrido finalizó en el timbre que anunciaba el B&B, lo tocamos y una chicharra nos habilitó la apertura de la siguiente puerta y otro tramo de escaleras y pasillos hasta la pequeña puerta abierta en cuya entrada se encontraba Magda, una simpatiquísima polaca bastante parecida a Taylor Swift (acotación de mis hijos que luego pude corroborar) que estudiaba filología italiana y casi no hablaba español. Con retazos de su inglés y el nuestro, supimos que Andrea estaba retrasado, pero nos mostró la habitación y las instalaciones que teníamos a nuestra disposición. 
El lugar tenía su encanto. Se entraba a un recibidor sin ventanas, reducido, con el hueco tipo pasaplatos que conectaba a la pequeña cocina, un arcón en un rincón y un mostrador sobre un costado. El techo estaba "bajado" quizás en demasía (y eso que somos petisos) con paneles de madera pintada. Esa estancia en particular siempre estaba dominada por un olor raro, no particularmente desagradable pero extraño que no puedo asociar a nada.. a falta de referencia, supongo que en la maraña de mi inconsciente pasará a identificar de forma inequívoca nuestra estancia napolitana. Esperamos a Andrea en el estar-comedor contiguo a la cocina, con mesa y sillas, heladera, sofá y un rincón tecnológico con una mac con un monitor muy grande y un asiento originalmente ergonómico. 
Cuando llegó Andrea, después de acondicionar nuestro cuarto para cuatro,  reubicando un escritorio y agregando un camastro, nos dedicó una media hora para ubicarnos en la ciudad y sus posibilidades. Andrea es un tipo muy activo y vivaz, deportista y afable. Nos recomendó sitios para comer y lugares a visitar. Del fárrago de comentarios en un español gracioso y entreverado sólo recordamos en ese momento lo que atañía a nuestras próximas horas: el desayuno lo tomaríamos por la mañana en el Bar Ecléttico, enfrente; teníamos café/te en la cocina a nuestra disposición y podíamos utilizar la heladera y toda la vajilla y enseres; bajando las escalinatas teníamos a Fiorenzano, un local de comidas rápidas que preparaba muy buenas pizzas fritas (especialidad napolitana) y pollos al spiedo a buen precio, y desde allí llegábamos fácilmente a Scappanapoli, la parte antigua y más pintoresca de la ciudad. Puso a nuestra disposición mucho material (libros, revistas, folletería y mapas) que tenía exhibido en repisas y nos dió consejos sobre la utilización de nuestras Artecard. Uno de los primeros pasos era ir a retirarlas en algunos de los sitios habilitados al efecto. Determinamos que el más conveniente era el Museo Arqueológico. La idea era tenerla disponible y validarla el día siguiente, para utilizarla en la excursión a Pompeya (Pompei tras la corrección de nuestro anfitrión). Lo cierto, como después pudimos verificar, es que el control de la vigencia de la tarjeta es bastante permisivo. La mayoría de los molinetes del transporte no la reconocen y con sólo mostrarla de lejos los guardias levantan la barrera. 
Además nos proveyó de un mapa, valioso ya que en la ciudad no los entregan y era el único lugar para el que no había conseguido guía en mis preparativos. Nos comprometimos a tratar de reponerlo durante nuestra estadía, pero lo cierto es que pese a varios intentos los días subsiguientes en las estaciones de metro y oficinas que encontramos, no lo conseguimos. Nos instalamos en el duplex, Omar y yo en el entrepiso, con la cama matrimonial y los chicos abajo, donde además estaba el baño recién remodelado, cuya puerta tenía un enrejado en su panel inferior que oficiaba de ventilación. La decoración era artesanal, con cuerdas, batiks, almohadones, un escritorio antiguo, espejos y un enorme planisferio cubriendo una de las paredes. La escalera al entrepiso estaba construida con mínimo desarrollo, de manera que los escalones tenían cortes para optimizar espacio.  Teníamos un pequeño balcón con la misma vista que desde arriba de las escalinatas, donde al igual que en los circundantes abundaban los tendederos. Un tele LCD y un aire acondicionado frío calor ponían el toque tecno.
Sin demorarnos, y ya con nuestras llaves, iniciamos el descenso por las escalinatas de Montecalvario, entre algo de basura, humedad y bastantes jeringas..
Abajo nos esperaba una calle muy estrecha, llena de puestos callejeros que vendían desde pescado y frutas hasta flores y zapatos. A los pocos metros identificamos el cartel amarillo con letras rojas de Fiorenzano y adquirimos nuestras pizzas fritas. No recuerdo el precio pero eran baratas (1,5 euro o por ahí). Masa esponjosa, poco relleno, sabrosas pero pesadas para nuestras costumbres.
Avanzando por esa calle bajamos hasta una especie de plazoleta sobre  Vía Toledo donde, siendo sábado, bullía una feria o mercado de pulgas bajo gazebos blancos, con algunos puestos de artesanías y otros de antigüedades, nada demasiado original. 
Camino a Scappanapoli, pasamos por una especie de explanada o plaza, con una fuente en la que, cuando atardece, se congregan multitud de adolescentes. En las paredes, y esto se repite en toda la zona antigua, la suciedad, la humedad y  el revoque desprendido y sin pintura compiten con los graffitis en una carrera muy pareja.
Poco después se abre imponente el frente de la Iglesia de Gesú Novo, muy original con sus piedras talladas en forma de diamante. Construida sobre un palacio confiscado y entregado a la compañia de Jesús en el siglo XVI,  cuya fachada conserva, dista mucho en su exterior de las iglesias tradicionales.
Sin fotos del interior barroco  (supongo que no se permitía), la web viene en auxilio para  rememorar el altar con mucho mármol rojo y el santuario de Giuseppe Moscati, en la capilla de la Visitación, con paredes enteramente cubiertas de placas en agradecimiento que representan las partes del cuerpo de los devotos que se vieron beneficiadas por la intervención del santo.
A pocos pasos se encuentra el complejo monumental de Santa Clara, con Iglesia y convento. Lo vimos por afuera y continuamos hasta adentrarnos en las callecitas de Scappanapoli. Así se conoce el sector más antiguo y pintoresco de la ciudad. Son calles muy cerradas, sin veredas, con los frentes opuestos separados por una angosta calzada de adoquines, con paredes oscurecidas por el moho y la suciedad adherida pero iluminadas por el colorido de los escaparates. Locales muy pequeños que se expanden sobre la calle, exponiendo fideos de variadas formas y colores, pastelería y souvenirs de lo más diversos. iguiendo la calle (que luego desemboca en San Biaggio del Librai) llegamos a la plaza  San Doménico Maggiore, frente a la iglesia homónima. Se ingresa a esta iglesia gótica a partir de altas escalinatas sobre la izquierda que conducen a un ala lateral. La nave central es bella, con púlpitos elevados, pero no tan impresionante como la capilla lateral que alberga 45 féretros de la nobleza aragonesa, sobre una especie de balcón que rodea la estancia. 
Al salir de allí, en vez de seguir adentrándonos en los callejoncitos de Scappanapoli buscamos la calle que nos condujera al Museo Arqueológico Nacional, para retirar nuestras Artecard, pasando  por la pequeña Plaza Bellini.
Ésta es una zona más corriente, con calzadas grandes, edificios de principios del siglo pasado o fines del anterior, ni muy antigua ni muy moderna. El Museo se encuentra sobre una especie de avenida. No tuvimos problemas con las tarjetas. Desandamos el camino, con algunas variantes que nos llevaron a pasar por el Conservatorio y algunos negocios del ramo, entre ellos uno que embelesó a Milena con un piano azul en su vidriera. 
Adentrándonos en la zona antigua nos topamos con San Gregorio Armeno,  la calle de los belenes. Aquí el color estalla en los comercios que exhiben casi exclusivamente estatuillas, souvenirs (el más característico es el ají rojo) y elementos para pesebres que uno ni imagina que se comercializan (pasto, partes de los personajes, etc). Si bien es cierto que muchas de las cosas ofrecidas son industriales (sobre todo los recuerditos), el local con estatuillas, algunas con movimiento, relacionadas a la actualidad que muestro en una de las fotos es una prueba cabal de la mano del artesano. A 5 días de la designación de Bergoglio como papa, y sin que ésta fuera una de las opciones que se barajaban como "ganadoras", en medio de muchas otras figuras está la de Francisco saludando a un Benedicto saliente, con valijita. Si alguien es capaz de montar una producción industrial en ese tiempo, lo quisiera trabajando para mí!. Uno puede pasar un buen rato identificando personajes, está Maradona sosteniendo en brazos a Messi, Berlusconi (no podía faltar), el Psi ejecutando su baile del caballo, Sidane y su cabezazo,  y muchos otros representando la actualidad local e internacional. La exposición se prolonga por una o dos cuadras pero es "inmensa". Las dos veredas casi se juntan en el centro de la calzada, el paso es un poco forzado si hay muchos turistas, y elevando la vista sábanas y prendas colgando de una vereda a la otra retacean el cielo y un interesante puente aéreo cerrado, el campanario de la iglesia barroca que da nombre a la calle.
Como en todas los lugares donde estuvimos, la profusión de iglesias es abrumadora. Apenas cruzar el campanario se encuentra la plaza del complejo conventual de San Lorenzo Maggiore, con su propio campanario sobre la calle, y a un costado la Basílica de San Pablo Maggiore. El acceso a ésta se encuentra sobre una balaustrada central a la que se llega por dos escalinatas que bordean una entrada a nivel del piso, supongo que secundaria, que ostenta, sobre la puerta sencilla de madera, en los terminales de la reja que la resguarda, el trofeo de varias pelotas naranjas que se les escaparon a algún improvisado arquero.  En este sector de Nápoles es común ver encuentros futbolísticos callejeros en rincones por demás incómodos, apasionados y ajenos al transitar de transeúntes locales, motos y turistas. 
No encuentro fotos del interior de esta basílica por lo que asumo que la actividad fotográfica estaría vedada. Igual a esta altura ya nos costaba diferenciar estilos y el asombro por la fastuosidad de la ornamentación eclesiástica había quedado en alguna etapa que no recordábamos.
Según el mapa, saliendo de aquí y tomando por Vía Tribunali, no debíamos estar lejos de la Catedral, el Duomo de Nápoles, donde se encuentra laCapilla del tesoro, con la reliquia de San Genaro cuya sangre se licúa cada 19 de setiembre, aniversario de su muerte. Efectivamente, sobre la vía del Duomo destacaba el edificio de fachada neogótica e interior barroco. En la explanada que conduce a la enorme puerta custodian leones de piedra de expresión particular. Recorrimos el interior, con su cúpula decorada, y la capilla del tesoro. Sin fotos (incluso no se encuentran la web) me cuesta reconstruir el espectáculo que tiene que haber incluído las más de 50 estatuas de plata, relicarios de preciados tesoros, entre ellos y principalmente la cabeza del santo patrono protegida por su busto de plata, y las ampollas con la sangre solidificada. Buceando en mi memoria creo rescatar algunos atisbos del recinto; con las estatuas oscuras en todo su derredor. 
Al salir ya era de noche y estábamos agotados. No nos quedaba más que desandar el camino y llegar al B&B con una provisión de pollo al spiedo y papas de Fiorenzano, todo a módicos 7,5. Como no queríamos validar nuestras Artecard hasta el día siguiente nos aventuramos por las escaleras de Montecalvario... y entendimos el porqué del nombre. Casi sin aliento hicimos el último tramo (menos mal que estamos en estado!!); ya a oscuras el ambiente estaba desolado e intimidante. Con los días nos dimos cuenta que en relación a nuestra pobre Argentina, Nápoles no es peligrosa en lo más mínimo.  Nos acomodamos en el comedor y tuvimos nuestra primer cena cuasi casera en mucho tiempo, la disfrutamos. 
Esa noche verificamos que la presión de agua y el colchón eran buenos,  y la conexión a Internet pésima. Realmente resultaba casi imposible mantenerse en línea más de 5 minutos, y durante éstos, la velocidad de respuesta era lamentable. 

Día 10

Domingo 17 de marzo

Pompeya y Museo Arqueológico

Nos despertamos temprano, tomamos el material de Pompeya que nos facilitó Andrea (un mapa y el librito con las descripciones que se dan para cada referencia del mapa en la audioguía), y tras un desayuno breve e idiomáticamente fallido, recorrimos el camino hacia la estación de metro, invirtiendo las indicaciones que empleamos a la llegada.  El bar Ecléttico, frente al B&B, es un local lindo, con gran televisor y buen ambiente, pero con sólo dos mesas redondas que podían albergarnos. Afortunadamente a esa hora siempre  tuvimos una de ellas disponible. Atendido por su dueño y dos asistentes, con mucha disposición pero poca facilidad para interpretar, recibimos el primer día 4 cornetos rellenos (riquísimos) acompañados de 2 cafés mínimos, casi ristretos, y lo que pretendió ser un buen chocolate caliente para los jóvenes, que resultó un brebaje demasiado espeso y concentrado.. casi chocolate puro. Salimos hacia el funicular con el sabor del corneto y una sensación pastosa en la boca, y decidimos cambiar la estrategia para el día siguiente; serían todos cafe late.. para no complicar.
La máquina para validar que estaba en la estación del funicular no andaba y el molinete estaba liberado, por lo que terminamos validando las Artecard en la estación del Metro. El sistema de Metro en Nápoles no está muy extendido, pero es suficiente para los empalmes de la mayoría de los recorridos turísticos que la tienen como base. Una vez en la estación central buscamos el andén del Transvesubiano. Los andenes y los coches no son tan modernos como en Florencia. Ubicamos en el mapa de estaciones del vagón la que correspondía a Pompei Scavi y nos acomodamos como pudimos (iba lleno, y hasta después de varias estaciones estuvimos de pie).
Una hora y media en total duró todo el traslado, desde la estación de Montesanto al ingreso, por la puerta Marina, a Pompeya, que cruzamos pasado el mediodía. En ese tiempo hicimos las colas necesarias para presentar la Artecard. La entrada no incluye mapa, pero antes de ingresar, en un puesto turístico apenas se llega desde la estación los ofrecen sin costo. Antes de entrar hay varios puestos de comida y venta de gaseosas y sandwiches. 
Ante la certeza de no conseguir resumir decentemente las 5 hs que duró la visita voy a limitarme a enumerar algunos de los sitios emblemáticos por los que pasamos: El Foro con sus templos, el granero que guarda en su interior cuerpos en restauración, los baños con sus frisos y sistemas de calefacción, la casa del Fauno, la casa del panadero, la villa del misterio y el cementerio que está en el camino, el coliseo y los teatros. El famoso lupanar estaba cerrado. Vimos los bloques que oficiaban de paso de cebra en las esquinas y los surcos dejados por los carros en las piedras. El clima fue propicio en esta ocasión. Es impresionante y esclarecedor. Hay sitios muy bien conservados y otros en proceso de reconstrucción y embellecimiento. En cierta forma complica a la interpretación esta mezcla de original y reconstruido, y más al ver después gran parte de lo "extraído" en el proceso, en el Museo.  
El recorrido fue largo y un poco cansador. Comimos muy poco al mediodía (alguna galletita y el  pan que teníamos en la mochila) y el desayuno no había sido todo lo contundente a lo que nos habíamos acostumbrado. La convivencia 7x24 de los 10 días comenzó a manifestarse en los humores. Cuando definimos llegar hasta el Coliseo, que se encuentra en uno de los extremos de la excavación, Milena se separó del grupo, harta de ruinas y sin ganas de tolerar algún rapto de mi típico y poco oportuno humor ácido. La reencontramos poco después, se acopló al grupo manteniendo la distancia y el gesto ofendido. 
Cerca de las 17 hs, emprendimos el regreso con la intención de visitar elMuseo Arqueológico Nacional, donde encontraríamos las reliquias que complementaban la visita a Pompeya.
El Museo cerraba a eso de las 19 o 19:30hs. Usamos nuestra 2ª y  última entrada gratuita con la Artecard y tuvimos  el tiempo justo para recorrerlo con total tranquilidad. Eramos los únicos visitantes a esa hora y algunas de las salas que transitábamos iban siendo cerradas a nuestro paso. El museo contiene, además de algunas grandes pinturas más "modernas" y la colección de esculturas Farnese,  grupos escultóricos, mosaicos, algún mobiliario e innumerables frisos rescatados de Pompeya y Herculano, que asombran por su estado de conservación.  Aquí se encuentra también una muestra erótica, con algunos de los relieves que decoraban los baños y lupanares de Pompeya y gran cantidad de pequeñas esculturas u objetos de uso diario (como los llamadores o aldabas de las puertas) con connotaciones fálicas. Los detalles de la Sala Meridiana, como el reloj del piso y las pinturas del techo no pudimos apreciarlos porque aquí las luces estaban  apagadas a excepción de las que iluminaban las pinturas de las paredes. 
Viendo en retrospectiva, y tras buscar información en la web para completar este diario, siento que debí estudiar más y reunir más material, antes de viajar para aprovechar mejor la visita. Es cierto que eran muchos lugares y el tiempo escaso, pero hubiera valido el esfuerzo, toda vez que ya sabíamos que no recurriríamos a guías de ningún tipo.
Salimos ya de noche, mientras cerraban las puertas del museo tras nosotros. 
Regresamos por Scappanapoli, repitiendo el camino de la noche anterior mientras comíamos algún dulce (la sfogliatella es espectacular) comprado al paso y decidíamos qué cenar.. otra vez el agobio y la tolerancia al límite teminaron con Alejo enojadísimo y los cuatro comprando resignados los últimos despojos que quedaban en el mostrador de un bar al paso sobre vía Toledo (pizza, sandwiches, croquetas y alguna otra cosa por el estilo que sumaban 11€). Esta vez ascendimos por el funicular y cenamos en un clima tenso en el B&B... no todo es felicidad en los viajes, y la convivencia ininterrumpida desnuda y potencia algunos rasgos de carácter que la rutina del año adormece.
Cuando negociaba con Andrea la reserva, durante la planificación desde Rosario, acordamos por mail que pese a no llegar al mínimo de noches requeridas para el beneficio, nos otorgaría igualmente la clase de pizza gratuita que ofrecía. Eso implicaba trasladarnos a un sitio particular e incluía el consumo de lo elaborado en el aprendizaje. Estábamos muy poco tiempo en el B&B y nos resultaba difícil coincidir con Andrea, que no residía allí. Esa noche, a través de Magda, supimos que al día siguiente nos daría la clase. Él necesitaba definir con anticipación para calentar el horno. Entendimos que se trataba de la cena y planificamos para ese día el recorrido por la costa amalfitana. Andrea ya nos había sugerido desestimar Capri, por costos y porque no veríamos nada muy diferente a lo que podríamos apreciar en Positano o Amalfi. 
Día 11

Lunes 18 de marzo

Costa Amalfitana

Nos despertamos temprano. En el B&B la actividad antes de las 8:30 (o más, no pudimos comprobarlo) es nula. Aunque había otros huéspedes que raramente cruzábamos al entrar o salir, o durante la cena, el objetivo de socializar era evidente que no iba a cumplirse.La combinación funicular-metro-transvesubiano esta vez nos llevó hasta Sorrento. El viaje era más largo y llegamos a media mañana. Hicimos un recorrido rápido para verificar que, al menos para esta época del año y nuestra idiosincracia turística, hacer base en Sorrento en lugar de Nápoles, hubiera sido un error. Es una ciudad costera tranquila, sin atractivos especiales más allá de su vista espectacular de la bahía de Nápoles desde el sur. Era una mañana muy ventosa y tras un recorrido muy breve por la costanera intentamos localizar el lugar para tomar el bus de la costiera que nos llevaría a Positano, pasando antes por algún comercio para adquirir vituallas, ya que pensábamos que los precios en la costa amalfitana sería más caros. No encontramos ningún supermercado o similar por lo que nos conformamos con una panadería que ofrecía paquetes de galletas saladas y algo de fruta en una verdulería. Estábamos algo perdidos (Sorrento no es tan chico) y preguntando llegamos a la esquina, cruzando la estación del tren, donde un cartel indicaba la parada del bus. Al rato se nos acercaron otros turistas con la misma intención. Después de una espera un tanto prolongada se acercó un local que nos informó que el bus temporariamente no estaba transitando por allí (algún cambio de recorrido por arreglos?) y amablemente nos guió hasta el lugar donde, esta vez si, vimos llegar al bus y lo abordamos. Si bien llevábamos nuestras Artecard, que incluían este transporte, lo cierto es que en ningún momento de todo el recorrido amalfitano tuvimos que mostrarlas. Era subir al micro, buscar asiento y disfrutar del trayecto, nada más. Bueno, lo de disfrutar es un eufemismo. Aplica sólo a gente poco impresionable, nada asustadiza,  y con cierta predilección por la adrenalina, entre la que me incluyo. El recorrido, tal cual me adelantaran los foros de internet, es alucinante y terrorífico a la vez.. una ruta de cornisa casi de una sola mano, sobre acantilados con mallas sobre los laterales para soportar eventuales desprendimientos. El cielo encapotado acentuaba la sensación. Las exclamaciones en distintos idiomas y el universal "ahhhhhhh" de los turistas de los asientos linderos musicalizaron el trayecto. Mi previsión no alcanzó para identificar la necesidad de estudiar la parada más conveniente en Positano. Supuse que no habría demasiado para confundirse, es más, creo que estaba convencida de que llegados a destino lo único para hacer era bajar junto con el resto de pasajeros a esa ciudad. Sabía que seguía hacia Amalfi y Ravello, pero no imaginé que Positano fuera tan extendido. Como resultado del error, a la primer indicación de Positano descendimos. El colectivo arrancó inmediatamente sin darnos tiempo a retractarnos de la decisión, lo que ocurrió al darnos cuenta que fuimos los únicos en abandonarlo. Bueno, no nos iba a amedrentar la caminata... Allá a lo lejos y hacia abajo, después de bordear la montaña, se divisaba un conglomerado más cerrado que supusimos sería el centro. El descenso se llevó bastante del tiempo que luego lamentamos no tener. Fue un paseo agradable, por el costado de la ruta, balconeando al vacío en algunos sitios. De a poco el espíritu del poblado comenzó a develarse en limoneros creciendo en laderas imposibles y mosaicos esmaltados; pese a las nubes el color empezaba de a poco a asomar en algunas flores y frentes coloniales y las rejas más trabajadas iban reemplazando las simple pared de concreto que nos separaba del vacío. 
Algo más de movimiento y un ambiente coqueto nos indicó que habíamos arribado a Positano. Hay prácticamente un único camino a seguir, que acompañando la pendiente natural pasa por locales turísticos y finaliza en la playa. La playa es muy reducida, con arena fina y gris y, en ese momento, un mar embravecido que estallaba contra los peñascos cercanos. El almuerzo se limitó a consumir lo que habíamos comprado en Sorrento, sentados en un banco en la explanada de la iglesia. Ya en el centro verificamos que la Artecard no incluía el transporte local (unos colectivos pequeños) por lo que hicimos a pie el trayecto que nos llevó a la parada del bus de la costiera. La espera, bajo una llovizna persistente, fue larga. Cerca de una hora sentados en unos bancos sobre la costa, observando la rutina de los lugareños. En esta época y con ese clima el turismo estaba prácticamente limitado a nosotros y el resto de los transeúntes evidenciaban conocerse.
Llegado el bus iniciamos un camino similar al anterior hasta Amalfi, pero ahora con lluvia!
En Amalfi el colectivo para en una especie de Terminal, sobre la costa y a pasos del centro. Allí un cartel anuncia unos baños públicos a algo más de 1 euro. Preferimos aprovechar y consumir algo en algún sitio que incluyera baño, así de paso nos sacudíamos el frío. 
El pueblo aparenta ser algo más grande que Positano, muy florido a pesar del clima. Recorrimos la calle comercial, ingresamos a una cafetería muy grande en su interior, donde consumimos algo caliente (cafés y chocolate), un trozo de torta exquisita pero no suficientemente grande y usamos el baño (no en muy buenas condiciones), todo por alrededor de 20 (efectivamente la costa amalfitana es carísima). Compramos luego algunos jaboncitos de limón para uso inmediato, ya que en el B&B no los proveen, y una botellita de lemonchello para antes de dormir y, dado que la lluvia opacaba el paisaje y queríamos volver a tiempo para nuestra clase de pizza, nos dirigimos a la pseudo terminal para abordar el bus de regreso. La lluvia era ya copiosa y la espera fue larguísima. Si bien los colectivos estaban allí, pasó más de una hora hasta que pudimos subir e iniciar el recorrido, eran alrededor de las 17 hs.
La vuelta fue muuuuy lenta. Bajo la lluvia supongo que el bus avanzaba a menos velocidad de lo habitual (o no), El camino es muy sinuoso y lo único que anuncia un vehículo de frente tras la curva son los  vocinazos. El tránsito, pese a la temporada y el clima, no era poco. Llegando a Sorrento encontramos un embotellamiento que poco tiene que envidiar a la Gral Paz a las 8:30, entrando en Capital Federal. El colectivo avanzaba a paso de hombre y no nos animamos a bajarnos antes y abordar el transvesuviano en otra estación. Cuando llegamos la estación estaba desierta. Un tren vacío y poco iluminado aguardaba en el andén pero no estábamos seguros si era el que nos llevaría de vuelta, y no encontrábamos a quien preguntar.. ya era de noche y dimos por perdida nuestra cena  y capacitación gastronómica. Imaginábamos que Andrea estaría lamentando nuestra demora, aunque después supimos que el convite era  para el mediodía .
Llegamos muy tarde y cansados. Recurrimos por 2º vez a Fiorenzano (pollito con papas, fuimos a lo seguro, jaja) para cenar y al llegar nos enteramos que Andrea nos había buscado y si bien lo de la pizza ya estaba perdido, combinamos telefónicamente, a través de Magda, para esperarlo al día siguiente para abonar la estadía y recibir algún otro consejo para el día que quedaba.
Siendo aún temprano (algo así como las 20:30 o 21 calculo), con Omar y Milena decidimos aprovechar la noche y recorrer vía Toledo hacia las Galerías Humberto I y la Plaza del Plebiscito, toda una zona que no habíamos explorado aún. Como no sabíamos cuál sería el clima, y no me refiero a lo meteorológico,  a esa hora y Omar guardaba cierta aprehensión en relación a la seguridad, la Nikon quedó en el cuarto y llevamos sólo la pequeña y vieja Sony que manejaba Milena y no es muy útil  para paisajes nocturnos. Como en Venecia, la noche desertiza las calles en Nápoles. Vimos muy poco movimiento y la mayoría de los comercios cerrados. Vía Toledo es una avenida más moderna que lo que veníamos experimentando en la ciudad. La seguimos hasta toparnos con las Galerías Humberto I. Impresionate y completamente vacía. Continuamos por el Teatro San Carlos y llegamos a la Plaza del Plebiscito. Nos impresionó con sus columnatas iluminadas y la soledad circundante. Cuando la vimos a la luz del día, dos días después, parte de la magia ya no estaba. Omar insistía con la cuestión de la seguridad y la presencia de policías o gendarmes que custodiaban la plaza, (la circundan edificios de gobierno e históricos como el Palacio Real, el Palacio de la Prefectura, la Basílica de San Francisco de Paula y el Palacio Salerno) lo afianzaban en su percepción. 
Emprendimos la retirada, y llegados a la estación del funicular nos anoticiamos que el horario de cierre había pasado y no nos quedaba otra alternativa que volver a utilizar nuestro músculos para ascender las escalinatas de Montecalvario. 

Día 12

Martes 19 de marzo

Costanera, Cementerio de la Fontanella, Castillo del Huevo, Parque Virgilio y otros.

Último día completo en Nápoles. Nos despertamos temprano (7) y fuimos a tomar el desayuno al Bar Eccletico. Esta vez, para no equivocarnos pedimos cuatro cornetos rellenos de chocolate y 4 capuchinos. Volvimos al B&B para esperar a Andrea, que vendría a las 8:15, para poder hacer el registro y cobrar después del desencuentro del día anterior. Era el día del padre y de todos modos nos dedicó otra buena media hora para armar un programa intensivo. Siguiendo sus consejos  desestimamos las muchas opciones que seguía habiendo para hacer en las afueras (desde Vesubio, a Capri, Ischia, Procida, o el Palacio de Caserta) para profundizar en la propia Nápoles que aún tenía mucho que ofrecernos. Una parte la habíamos vislumbrado la noche anterior y el resto fue surgiendo en la charla con Andrea. 
Primera escala el Cementerio de la Fontanella. De lo explicado por nuestro anfitrión dedujimos que era una suerte de mezcla bizarra de mito y religión. El Cementerio es un antiguo osario que permaneció oculto muchísimo tiempo, lindero a una iglesia. A partir de las excavaciones que los sacaron a la luz, el espíritu napolitano que es tan particular para vincular lo religioso con lo esotérico, buscó exorcizar el miedo a la muerte que blande la iglesia, estableciendo un vínculo directo con los difuntos a través de favores. Por lo que entendí (por favor, si me equivoco no duden en comentarlo) funciona más o menos así: Un mortal elige una calavera y la rescata del  masivo anonimato construyendo una "casita" que la acoja. Una vez beneficiado con los dones obtenidos por la intersesión del difunto en el más allá, la casita se enriquece con dádivas que van desde lo monetario (hay billetes y monedas de variada denominación) a lo emotivo (fotos, anillos, y recuerdos de lo más diversos). 
Hasta allí lo que sabíamos, ni idea de que esperar ver o concretamente de qué clase de visita turística hablábamos. Llegar no fue sencillo. El lugar, si bien no estaba demasiado lejos y podía alcanzarse a pie, quedaba fuera de los límites del mapa de que disponíamos por lo que las indicaciones de Andrea nos sirvieron para llegar a los confines del impreso y, de allí en más, tuvimos que apelar a la buena voluntad de la gente. En Nápoles, a diferencia de las ciudades más turísticas, la gente en general está muy bien predispuesta con el turista, de hecho bastaba en ocasiones desplegar el mapa para que alguien se acercara a ofrecer su ayuda. Así, a pesar de que aparentemente no es un sitio muy conocido por los locales y definitivamente no indicado, con la colaboración de dos o tres napolitanos, llegamos a un portón, al costado de una iglesia, con una placa insignificante que anunciaba el Ciminterio de la Fontanelle, con las mágica palabra “gratuito”.
Fue entrar y sorprendernos. Creo que las fotos van a servir para explicar. Se trata de una excavación en la montaña (Nápoles es todo montañas) a modo de caverna con distintos espacios. Sobre todas las paredes, en la parte inferior, se agrupan huesos, con las calaveras prolijamente alineadas arriba. Delante de la pared de huesos, las dichosas casitas que efectivamente son eso, con calaveras adentro, junto a ofrendas de lo más diversas. El recorrido incluye imágenes de santos, crucifijos y unas lucarnas casi naturales (sin cierre) que dejan ver la vegetación del exterior y escuchar el canto de los pájaros. . Algunos transeúntes desconocían directamente el lugar.  
Lo cierto es que el recorrido es sobrecogedor. Otra vez tuvimos la fortuna de estar solos (como en el Museo) pero acá es un plus invaluable. Recorrer las cavernas en soledad, bajo la luz mortecina que se filtra por unas aberturas en lo alto y la iluminación de piso estratégicamente diseñada para acentuar el efecto, es increíble. Además de los costados repletos de calaveras y huesos prolijamente apilados, las casitas y sus ofrendas, hay una capilla y unas esculturas apropiadísimas como una especie de santo harapiento y sin cabeza bajo un tragaluz. Imperdible!
Salimos realmente conmocionados, agradeciendo a Andrea la posibilidad de haber visto esto. El próximo punto era la Plaza del Plebiscito y sus aledaños (Teatro San Carlos, Galerías Humberto I, y la costanera) que habíamos atisbado la noche anterior. Para eso utilizamos la otra línea de metro (En Nápoles hay 2), que tiene unas estaciones más vanguardistas desde lo estético.  Descendimos en plena Vía Toledo que a esa hora bullía de gente. Aprovechamos para alimentarnos con dulces al paso en alguno de los muchos puestos que hay en Nápoles. Aquí ceder a la tentación al paso  fue mucho más barato que en nuestras otras etapas; a la sfogliatella se incorporaron otras delicias autóctonas como la zepolla de San Giuseppe, los cornetos y graffe rellenos(nuestros suspiros de monja). Las Galerías Humberto I no ofrecen mayor atractivo que el arquitectónico. Comercialmente los locales ahora abiertos no son ni lejos tan interesantes como sus pisos y cúpula vidriada.
El día era diáfano, con la temperatura ideal y vimos la Plaza del Plebiscito cerrada en parte con tanques, militares y vallas de plástico naranja (mucho menos intimidantes que los cierres de la Rosada) ya que creo que en esos días había elecciones y actos relacionados. Descansamos un rato en las escalinatas de la Basílica y verificamos que el conservacionismo arquitectónico no es una prioridad en Nápoles. El escenario en su conjunto resultaba más impresionante de noche, quizás porque ahora la plaza en sí estaba ahora invadida por gendarmes vallando o porque la luz del día deja al descubierto la falta de mantenimiento en general de los exteriores. Las paredes sucias, escritas y descascaradas no sólo identifican a Sccapanapoli, donde resultan casi imprescindibles para destaca la esencia, sino que también se observan aquí. 
Descansamos en las escalinatas y continuamos por la costanera, con sus escolleras de enormes piedras blancas y los cruceros y el Vesubio de telón de fondo. El tiempo ayudó y el sol iluminó un paisaje espléndido. Llegamos e ingresamos al Castillo del Huevo, desde arriba hay una hermosa vista de la bahía. Continuamos por la costanera en busca de la heladería de Renny, recomendada por Andrea. Para llegar recorrimos el barrio de Chiaia, nos sorprendió la construcción de una nueva estación de metro y siguiendo el mapa encontramos el lugar al lado del mercado a cuyo final debía estar el restaurant de comida casera en el que “a veces” aún cocina la anciana de 92 años. Como lo nuestro era simplemente un helado, lo tomamos viendo por televisión parte de la ceremonia de asunción del papa, con conexiones incluso a Bs. As.  De allí a las inmediaciones de la estación de Mergelina, para tomar un bus que nos llevara al Parque Virgiliano desde el que según Andrea, había vistas de 300°. Otro sitio poco indicado, reducto de exquisitos. El chofer nos indicó la parada y a partir de allí una caminata en subida de 15’ que definitivamente valió el esfuerzo. Era día festivo (por el día del padre) y el lugar, también de ingreso gratuito, estaba minado de grupos de adolescentes. Allí pudimos hacer uso de baños públicos, descansar en bancos con una vista increíble y tomar fotografías de catálogo. 
Desandar el camino no fue fácil, pero lo logramos, con la ayuda del mapa y varios napolitanos. La próxima etapa era el Castel Sant'Elmo y la Cartuja de San Martino, que se encuentra en el Vómero, barrio al que llega en su 2° y último tramo el funicular, o sea, sobre nuestro Montecalvario. 
Era día de cierre de la Cartuja y no estábamos muy convencidos de ingresar al Castel por la hora (estaba atardeciendo) y el escaso entusiasmo de las pocas recomendaciones previas. Desde fuera la visita no era demasiado prometedora. La entrada al Castillos se encuentra sobre un mirador que por su altura ofrece otra espectacular vista de la ciudad.. y van...
Desde aquí el retorno fue más sencillo, en colectivo hasta el funicular y desde allí unos minutos para bajar hasta "nuestra" parada. La frecuencia del funicular es muy buena, nunca tuvimos que esperarlo más de 10 minutos. 
Esa noche, tras bañarnos, nos aprestamos a cenar en uno de los sitios recomendados por Andrea; L'angolo del Paradiso. Nos marcó en el maltrecho mapa una esquina escondida (luego supimos cuánto) en el Vómero. Bajando del funicular seguimos una de las calles principales que creímos nos llevarían a destino.. imposible, perdimos ubicación y nos desorientamos completamente. Un grupo de adolescentes alardeando de sus teléfonos con Internet intentó auxiliarnos pero no tenían idea de lo que buscábamos y terminaron cuestionando nuestra elección.. Como todo llega y lo que cuesta vale, terminamos encontrando el lugar. Como nos adelantaran, son muy pocas mesas en un espacio muy reducido, pero la rotación es rápida y tras una espera de no más de media hora en la vereda (hay sillas al efecto.. uno se anota al llegar) fuimos llamados y atendidos a cuerpo de rey. Entremés para la espera y unas pizzas buenísimas. Todo nos salió módicos 27,5 (casi lo mismo que el bar de Amalfi) y con tarjeta.
Esa noche la conexión de Internet fue imposible, literalmente, no llegué a abrir ninguna de mis bandejas de entrada... y lo comento porque fue un hecho con consecuencias. 

Día 13

Miércoles 20 de marzo

Chau Nápoles.

Por la mañana tomamos nuestro último desayuno y decidimos recorrer de nuevo Spaccanapoli, para verlo de día y buscar un regalito que Milena quería comprar para Iara. El recorrido nos llevó también a Vía Toledo, donde conseguí unas botas en liquidación a 15 euros, al barrio Español donde Alejo se agenció una linda campera por 10, a la entrada del Castel Nouvo, y a una calle muy interesante con librerías de oferta (me encantan!!) allí le conseguí a mi mamá por 2 euros libros en italiano (obvio) de Agatha Christie. Nos aprovisionamos de unas madalenas para el viaje en un local sobre Vía Tribunalli después de discutir porque el precio que anunciaba el cartelito no se correspondía con el que pretendían cobrar....y cobraron .  Por fin en esta incursión por las callecitas de Sccapanapoli vimos el dichoso altar maradoniano  en la plaza del Nilo e Ingresamos también en una curiosa iglesia sobre Vía Tribunalli que, en línea con lo que habíamos visto en el Cementerio de la Fontanella, rinde dentro de un interior clásico de iglesia un extraño culto a la muerte o a las ánimas del purgatorio:  todas las barandas y varias esculturas presentan calaveras y fémures. Pasamos por la entrada de Nápoles Subterránea, pero estaba cerrada y el horario de apertura excedía nuestra ya escueta disponibilidad.
El tren salía a las 14:12 de la estación Central. En el B&B no había nadie y ya nuestro cuarto volvía a estar acondicionado para 3. Sólo dejamos las llaves y un mensaje en el libro de visitas y salimos con tiempo que entendíamos más que suficiente.  Cuando el metro no llegaba y la gente comenzaba a agolparse en el andén temimos seriamente nuestro primer contratiempo grave en el viaje . No supimos cuál fue la causa de la demora.. cuando finalmente llegó apenas pudimos entrar con nuestras valijas. El viaje, si bien era breve, fue complicado. Íbamos todos tan apretados que una mujer casi se desmaya y hubo que abrir las ventanillas. En la estación central buscamos nuestro coche a Roma. Nos tocó esta vez un compartimento cerrado, que compartimos con una joven muy atildada, al punto que sacó de su escueto equipaje una toallita de lino que ubicó en el asiento tras su cabeza, y un señor mayor que se pasó casi todo el recorrido tratando de coordinar una visita de venta con alguien en Roma.