miércoles, 20 de marzo de 2013

De vuelta en Roma

Arribamos a Roma y, siguiendo las indicaciones de que disponíamos, buscamos el Metro y sus boleterías.. Optamos por las ventanillas, pese a la cola, porque no teníamos tan en claro el uso de las máquinas expendedoras. Pagamos 8 euros por los 4 pasajes que tenían un precio nominal de 1.5 (¿será por el uso de cajeros humanos?). Descendimos en la estación prevista y con ayuda del mapa y bajo una lluvia persistente buscamos la calle de la Residenza Vaticana. No nos resultó muy sencillo y tuvimos que desandar en varias ocasiones.
Cuando encontramos la calle y el número, una sencilla placa indicaba que en el edificio funcionaba el B&B. El encargado nos dijo que esperáramos allí y se comunicó con alguien que bajó a asistirnos. En el palier del edificio y sin poner demasiado empeño en explicarnos la situación, este señor nos dijo algo sobre un "problema" y la necesidad de alojarnos en un hotel vecino.
Con sonrisas nerviosas y empeñado en obtener un "ok" mío a toda costa, nos respondió que tendríamos los mismos servicios, antes de hablar algo con el taxista al que convocó, cargar las valijas en el baúl y cerrarnos la puerta. El taxista hizo un recorrido que evidenciaba que el destino no era tan "vecino" como se anunciara. La pantalla del GPS se obstinaba en burlar mi poco sentido de la orientación.. el tiempo pasaba y el conductor no sabía o no estaba interesado en hablar otro idioma que el italiano. Al llegar, no obstante supo hacernos entender que debíamos abornarle 13 euros.
Nos negamos a pagarlos (de hecho, pensamos que había sido pago por el señor de Residenza Vaticana) y se generó una situación muy desagradable entre el pobre taxista, la recepcionista del nuevo hotel (Inn Vatican) y su dueña. Tengo que destacar la buena voluntad de éstas últimas que terminaron haciéndose cargo de la situación e intentando por todos los medios a su alcance de lograr nuestra satisfacción.
Si bien la dueña de Residenza Vaticana se disculpó telefónicamente más adelante, ya que recién habían informado sobre el problema con la habitación el día anterior, en un mail que no pude chequear, el cambio no fue a nuestra satisfacción. Suponemos que la fiebre periodística por la asunción del Papa colapsó en esos días el alojamiento cercano al Vaticano, y pese a nuestra reserva anticipada, resultamos perjudicados.
La elección original del hotel se basaba en su ubicación y la condición de desayuno buffet. El nuevo hotel, en realidad tampoco es un "hotel" propiamente dicho sino un Bed sin Breadfast , si bien no estaba muy mal ubicado y las habitaciones eran impecables, distaba muchas cuadras del anterior y no ofrecía desayuno en absoluto, sólo una cafetera eléctrica y algunas galletitas y golosinas de "cortesía" al llegar.
En el mostrador de la entrada nos prestaron un mapa ya que en los que disponíamos ese sector de Roma no figuraba. Afortunadamente pudimos verificar empíricamente después que la ubicación no era tan mala. Esta parte de Roma, al noroeste dell Vaticano es muy diferente a la clásica. Aquí hay grandes avenidas y si bien la edificación nunca es demasiado moderna, ofrece más oportunidades para comer a precios acomodados.
Esa noche, tras bañarnos, salimos a familiarizarnos con los alrededores. Estábamos a 2 cuadras de una estación de Metro y a unas 6 cuadras del ingreso a los Museos Vaticanos que visitaríamos el día siguiente. Después de llegar hasta la plaza San Pedro y el Castell Sant'Angelo iluminados, recalamos en un Burger King y cenamos por 30.8. A esta altura, y recién aquí desde su enojo en Nápoles, Alejo comenzó a sonreir y volvió a integrarse.