Día 1
El bus nos dejó frente a un café que Terravisión tiene fuera de Términi.
Dentro de nuestra planificación, habíamos tenido el ciudado de simular con la vista callejera de GoogleMaps nuestra llegada y el trayecto a pie que tendríamos que recorrer por Vía Cavour para llegar al Hotel Richmond:
Así y todo, llegamos un tanto desorientados en relación al "lado" de la estación en el que estábamos y nos costó encontrar la intersección de Vía Cavour con Termini y la dirección que teníamos que tomar. Fue de gran ayuda saber que el Hotel estaba muy cerca del Coliseo, ya que esta es una referencia fácil de responder para cualquiera.
Fueron unas 15 cuadras todo lo derecho que permitía la arteria (no será tan atractiva, pero qué práctica que es la cuadrícula de nuestras ciudades!), con el equipaje a cuestas como la mayoría de los transeúntes por esa zona, por veredas poco amigables para las rueditas de un equipaje próximo a jubilarse.
Identificamos fácilmente la esquina del hotel, pero nos sorprendió y asustó un poco ver que la entrada estaba clausurada. Aún estaba en obras y un cartelito rezaba que el ingreso era por el lindante Hotel de Rome. El conserje resultó un poco sobrador para el cansancio que acumulábamos. Quizás porque no le hiciera gracia atender a los huéspedes de "otro" hotel, porque no le gustó nuestra traza, porque tuvo un mal despertar o simplemente por que fuera su naturaleza, no se esforzó mucho para salvar la barrera idiomática. Del escueto intercambio quedó claro que el check-in recién lo podríamos hacer pasado el mediodía (eran las 8:30 aproximadamente), que podíamos dejar en depósito el equipaje y utilizar el toilette de la recepción. Nos impresionó muy bien la decoración del loby y el baño, diseño muy moderno y de calidad.
Sin las valijas nos lanzamos a recorrer. Comenzaba nuestro primer día de los dos que pasaríamos en esta etapa en Roma. La idea era cubrir la mayor parte de las atracciones de este lado del Tiber que se visitan en un rato (plazas y monumentos), dejando para el 2do día el Foro y el Coliseo que entendíamos que nos llevaría más tiempo. Así, ni el cansancio ni la lluvia nos impidieron disfrutar de la Vía dei Fori Romano, el Victoriano, Piazza Venecia, el Panteón, Piazza Navona, la Fontana di Trevi y Piazza Spagna. Apenas salir del hotel tuvimos nuestro primer contacto con las ruinas. Saliendo hacia Piazza Venezia, tomamos por la Via dei Fori, una avenida que balconea sobre distintos espacios pertenecientes a los foros. Sin entrar, y sabiendo que al día siguiente nos sumergeríamos de lleno en el tema, nos asombró tanto monumento casi inmerso en la cotidianeidad.. no hay que ir a un lugar especial, en Roma, de "este" lado del Tíber, caminar es ir alternando presente y pasado, casi sin solución de continuidad.
Al arribar al Monumento a Víctor Manuel II (el Victoriano), a 1 cuadra del hotel yendo por la Via dei Fori Romano, encontramos las rejas del frente cerradas; aparentemente se celebraba algún acto protocolar en el interior. Al cabo de pocos minutos, tras salir un grupo de uniformados, hombres de traje y mujeres muy elegantes, las rejas se abrieron y pudimos acceder. Recorrimos la sala de las banderas, el sector que homenajea al soldado desconocido y ascendimos al mirador gratuito. Desde allí, en compañía de enormes gaviotas, las vistas son grandiosas. Es posible acceder a unos ascensores panorámicos que te llevan hasta el nivel de las estatuas de la Cuadrigas por 7 euros, era demasiado para nosotros y no nos parecía que mereciera la pena.
Durante su planificación Omar había reunido cuantiosa información histórico númerica, del tipo que le gusta a él y al resto de la familia nos importa poco,... Con ayuda de los mapas de que disponíamos en préstamo, no dirijimos, tras cruzar Piazza Venecia (que por cierto tiene poco de plaza, para nuestros estándares), hacia Piazza Navona. En el camino pasamos por el sector del Largo Argentino, un grupo de ruinas un poco alejadas de los Foros, y descubiertas más recientemente, sobre Via del Plebiscito.. otra vez, ruinas al paso. La lluvia nos seguía y la plaza estaba bastante desolada, los artistas que se negaban a perder la oportunidad de un ingreso, cubrían sus caballetes con nailons. Sacamos fotos ante cada fuente de Bernini y seguimos en busca del Panteón. Pese al mal tiempo, y aún estando entemporada baja, la cantidad de turistas es impresionante, no llego a imaginar lo que puede ser un soleado día de junio.
El Panteón vale la visita, más aún siendo ésta gratuita. Descansamos un poco en los bancos del interior y continuamos en busca de la famosa Fontana de Trevi. Las calles están muy bien señalizadas y con ayuda de un mapa es difícil perderse pese a lo intrincado de la traza. En el camino íbamos buscando dónde almorzar algo. Era nuestro primer contacto con los precios europeos y asustaban un poco. A ese momento el euro equivalía a poco más de $10.- de los nuestros y los menúes más económicos que veíamos en restaurantes arrancaban en 10. Por esa zona no hay McDonals, ni Burger KIngs, ni ningún otro tipo de local de cómidas rápidas y precios globalizados. Teníamos claro que nuestra experiencia itálica no sería especialmente gastronómica... Sabía que no tenía que confesar esto... creo que en este punto acabo de perder a la mayoría de mis lectores. Los que quedan deberán eliminar sus expectativas a este respecto.
Llegados a la Fontana, pese a lo acotado del espacio (no deja de ser una simple esquina), y la multitud de paraguas, no nos sentimos para nada descepcionados. Es hermosa, tiene encanto y aún habiéndola visto en fotos y filmaciones infinidad de veces, la experiencia de estar allí, quizás en parte por lo icónico, es bellísima, y de alguna manera transformadora. Ver reproducciones de los lugares en los que uno estuvo es siempre un disparador que multiplica el placer, aún cuando la experiencia original no haya sido tan placentera, por la causa que fuera, y es lo bueno de haber ido a lugares tan "reproducidos".
Con Milena tiramos las monedas (pesos, obvio) que nos asegurarían el retorno, sacamos fotos y fuimos a la búsqueda de alguno de los tugurios vistos en el trayecto que ofrecían pizzas a 5 euros. Pedimos dos pizzas que si bien eran grandes en su diámetro, resultaban tan chatas que apenas engañaron a nuestro estómago (gastamos 25.1 euros que pudimos pagar con Tarjeta), aprovechamos los servicios y salimos pensando en pasar por Piazza Spagna antes de volver al Richmond para poder realizar el check-in, bañarnos y reposar un poco. Se me partía la cabeza y creo que a esa altura podía quedarme dormida en algún banco de piedra. Encontramos Piazza Spagna, descansamos un poco en las escalinatas y emprendimos el regreso.
Arribados al hotel, recuperamos el equipaje de la consigna y buscamos las habitaciones con las escuetas indicaciones del conserje.. como era de esperar en esa arquitectura intrincada, nos perdimos. Tuvimos que volver por más indicaciones y al llegar a las habitaciones una de las tarjetas no andaba. Solucionado el inconveniente pudimos entrar. La habitación era muy moderna y básicamente minimalista. Nos bañamos y decidimos recostarnos para reponer energías.
A eso de las 17:30 nos despertamos y salimos al lluvioso atardecer. El mapa y las lecturas de Omar, nos sugirieron la isla Tiberina; hacia allí nos dirijimos, pasando por el Campo di Fiori que a esa hora y con la lluvia estaba desierto. Algunos locales gastronómicos comenzaban a acomodar sus mesas bajo gacebos y nos ofrecían sus servicios para cenar. Cruzamos el puente, recorrimos algo de la isla que no ofrece demasiado atractivo y volvimos. En ese momento la lluvia se hizo copiosa y decidimos focalizarnos en algún local de comidas que nos ofreciera además de la cena, un lugar para guarecernos. Volviendo por Vía Corso Emanuel y por Vía del Plebiscito, sobre alguna de estas avenidas, identificamos un Subway. Comimos y a dormir.
Día 2
Sábado 9 de marzo
A la mañana siguiente nos encontramos con la Terraza del Richmond, que habíamos visto en fotos. Realmente es un lugar hermoso para desayunar. El buffet estaba bien provisto, con fiambres, ensaladas, tortas, facturas, cereales, yogures y frutas. No nos faltó nada para arrancar bien nutridos la visita al Foro Romano y el Coliseo, en ese orden. Como salimos bien tempranito no había nadie en la boletería del Foro, y comenzamos por allí. El boleto es uno solo para Foro y Coliseo. La recorrida del Foro nos llevó toda la mañana. En el recorrido descubrimos que está prohibido el uso de trípode. Nos guiábamos con un librito que muestra las distintas ruinas tal cual se ven hoy y, sobreponiendo un folio traslúcido, cómo eran en su esplendor; algo realmente útil. A media mañana comenzó a llenarse de gente, salió el sol y subió la temperatura.
De allí cruzamos al Coliseo, pasando por el sector en que se agolpan los vendedores de souvenirs y los carruajes que se alquilan. Alejo se interesó en unas réplicas, de distintos tamaños, de los cascos Romanos; los de escala real costaban alrededor de 100 euros, y los más pequeños, 7.
Al ingreso del Coliseo, por error y por costumbre, nos sumamos a una de las muchas colas para el ingreso, y allí permanecimos hasta que nos percatamos que quienes ya tenían el billete (y era nuestro caso) pasaban directamente.
Subimos cada nivel y recorrimos bastante a conciencia el museo que se encuentra en su interior, con murales impresionantes que permiten tomar contacto con lo grandioso del imperio que tenía en Roma su epicentro. Para salir a la "arena" hay que pagar otra entrada.. declinamos.
En una pausa, nos acomodamos sobre unas piedras, en uno de los arcos de paso, a deglutir las últimas galletitas que nos habían sobrado de la provisión "para el viaje" e hidratarnos con la botellita que previsoramente llenáramos de agua en el hotel (creo que ya había aclarado que éramos gasoleros, quizás ahora estén tomando dimensión de cuánto). Mientras estábamos en este menester un grupo, con un guía de habla hispana al frente, se detiene frente a nosotros y comienza una charla muy interesante sobre las características constructivas del coliseo. Resutó un almuerzo económico, frugal y por sobre todo, muy instructivo.
Saturados de historia, decidimos dar por terminada la visita.. eran alrededor de las 14:30 calculo, y estando tan cerca del hotel, pasamos por allí a utilizar el baño y desprendernos de algunas prenda, valga la redundancia, en virtud del aumento de la temperatura. Milena preparó en el alto un cartel de saludo a sus amigas, con el que se sacó varias fotos en lugares emblemático, a lo largo del recorrido; el primero sería justamente una vista del Coliseo desde la Vía dei Fori Imperiale.
Salimos sin un plan muy trazado. Mirando el mapa y los libros de viaje, las atracciones que nos faltaban visitar y que nos despertaban algún interés en este sector, eran el Teatro de Marcelo, la boca de la Veritá, el Circo Máximo, el Ara Pacis y las escalinatas de Piazza Spagna, donde si bien ya habíamos estado, casi no contaba por el cansancio que en esa oportunidad teníamos. Para la mañana del día siguiente dejaríamos la Piazza del Popolo y Villa Borghese.
Así es que salimos por Via dei Fori Imperiale hasta Vía del Teatro de Marcelo. Sobre la primera, siendo sábado por la tarde había muchísima actividad, artistas callejeros, pseudo budistas mostrando sus habilidades, los consabildos "soldados romanos" modelando para fotos aranceladas, y vendedores de todo tipo de enseres (hasta trípodes para cámaras). En ese trayecto nos dieron un folleto de un sitio para comer (Lasagnam), con buenas ofertas, que guardé en mi bolsillo pensando que, como sucedió, en pocas horas me sería de utilidad. Rodeamos el Victoriano y tomamos Vía del Teatro de Marcelo, sobre la que nos encontramos con la Piazza del Campidoglio, con sus enormes escalinatas. Sacamos fotos a las enormes esculturas, la loba con Rómulo y Remo. Como se encuentra sobre la colina Capitolina también las vistas desde el lateral de la plaza son muy bonitas. Continuamos el recorrido hasta el Teatro de Marcelo y frente a él la Iglesia S. Angelo, ambos están en proceso de restauración.Seguimos hasta el Tíber y lo bordeamos hacia el sur hasta la Piazza de la Boca de la Veritá. A ésta la vimos desde detrás de las rejas, había una cola para entrar y sacar la foto y no nos pareció que valiera la pena. Desde allí fuimos hasta el Circo Máximo, del que queda muy poco. Salvo el solar en sí que permite dimensionar, no ofrece ningún atractivo. Comenzaba a oscurecer. Decidimos ir hacia el lado de Piazza Spagna, a media cuadra del Circo Máximo nos atrajo un mercado medio escondido de comestibles, lo recorrimos y continuamos por calles internas. Vuelta a pasar frente al Victoriano y de allí lo más recto que pudimos hasta Piazza Spagna. Subiendo las escalinatas se llega a un hermoso mirador. Desde allí seguimos bordeando rumbo al Ara Pacis.Ya sabíamos que la entrada era cara y no ofrecía mucho más de lo que se ve desde afuera. De hecho, el gran arco está rodeado de un edificio vidriado. Lo bordeamos y volvimos hacia el centro, por Vía del Corso que es una avenida muy comercial, con negocios caros como Ferrari y otros. En algún lugar del recorrido nos encontramos con música y una enorme proyección sobre un edificio, en un espacio más abierto (como una plaza).. era sábado por la noche. Una vez en el hotel, buscamos con los mapas la referencia del local de lasagnas del que teníamos el folleto, era a 3 cuadras y valió la pena. No era un restaurant en su acepción clásica, más bien un local de comidas, que es lo que buscábamos. Bien ambientado, en un estilo joven y moderno, se ordenaba en el mostrador entre una buena cantidad de opciones de salsas y luego se llevaba la bandeja a la mesa. Éstas eran de aluminio, cerradas, y a muy buena temperatura; comimos muy bien por 30 euros los 4.
Día 3
Domingo 10 de marzo
Teníamos el pasaje desde Termini a las 12:30. Programamos iniciar el camino a pie desde el hotel a eso de las 11:30. Hasta entonces, desde el desayuno, al que llegábamos a las 7 (otro dato a favor del Richmond, en el resto del recorrido algunos de los hoteles abrían el desayunador a las 8, y esa hora de luz perdida, no se recupera), fuimos hasta la Plaza del Pópolo y de allí un recorrido breve por Villa Borghese. No estoy muy segura de sobre qué calle (creo que era Vía del Corso), gran cantidad de runners con el poco tráfico del domingo a esa hora, aprovechaban la ruta para entrenarse, nos quedamos con la duda de si se trataría de una Calle Recreativa similar a la nuestra (no vimos carteles que lo indicaran). Al final de la Plaza del Populo nos atrajo una feria (en general nos llaman más la atención que los centros comerciales), pero al recorrerla no vimos más que ropa y zapatos bastante "globalizados" en oferta informal y desprolija. Obviamente no aceptaban tarjetas de crédito y la mercadería estaba bastante revuelta. Alejo había esperado en la entrada y ya estaba impaciente.
El recorrido por Villa Borghese fue breve y apurado. Llegamos a ver un monumento a Artigas y alguna fuente.. En general es un parque "agreste", tranquilo y muy lejos de las estética de los parques londinenses, incluso los parisinos.
Al finalizar el recorrido nos encontramos nuevamente sobre las escalinatas de Piazza Spagna y desde allí andamos a buen paso hacia el hotel, aunque tomándonos nuestro tiempo para volver a fotografiar la Fontana di Trevi, esta vez con sol. Lo bueno de preveer varios días en una ciudad es que cuando uno comienza a pasar varias veces por los mismos lugares adquiere un no sé qué de pertenencia que en la mera visita express no se alcanza. El check out fue rápido, abonamos en efectivo la tasa municipal e iniciamos el traslado a Términi. El hotel se encuentra en una especie de nudo de avenidas. Creo que arrancamos bien por Vía Cavour, pero en algún momento sin quererlo desviamos. Lo cierto es que en determinado momento algo me llevó a tratar de corroborar la avenida por la que transitábamos y resultó que no era Cavour. Con las valijas a cuestas deshicimos parte del trayecto hasta encontrar el camino. Una vez en la estación no nos costó mucho encontrar el andén. Nuestro viaje era a Florencia, pero el tren figuraba con destino Milán, ésto nos lo indicaron en los mostradores de Trenitalia que están muy cerca de los carteles principales.
Nos acomodamos en los asientos que ya teníamos asignados. Nos tocaron 4 "en línea". Milena y yo quedamos enfrentadas a una pareja de entre 35 y 40 años. Ella aparentemente tenía un fuerte dolor de cabeza y él parecía la contenía con ternura. Me gusta observar e inferir, jugar a imaginar las situaciones que subyacen en lo que se vé.. cada uno se divierte como puede ¿no? Tenían en el aspecto de esas parejas vegetarianas, sin ofender ni pretender hacer un juicio de valor, .. no sé si es algo en la piel, la mirada, el tono de voz, la contextura delgada.. En la mitad del trayecto "almorzaron" una especie de pizza rellena o pan frito que traían envuelto.